viernes, 10 de mayo de 2013

Tres sombreros de copa.

-Hoy soñé contigo, una vez más. Me acosas todas las noches, te ocultas bajo mi almohada y apareces desnuda sobre mí. Comprende que te odie, es todo culpa tuya y de tu estúpida sensualidad. Cierro los ojos y te veo: esa forma de vestir que tienes, de chica dura que sólo esconde lo que de verdad lleva dentro, con ese pelo que huele como si la mismísima Afrodita lo hubiera lavado y luego lo hubiera peinado de forma que hasta tu cabello tiene personalidad propia y rebeldía contenida. Tus ojos oscuros me observan desde la oscuridad, tanteándome y sonriendo sin boca, porque saben que si esa boca aparece no tendré más remedio que besarla. 
>> Y eso no puede pasar, ¿verdad? Estamos condenados a errar solos por el horizonte sin saber que no dejaremos de volver al punto de partida. En mis sueños puedo tocarte y sugerir que hagamos esas cosas prohibidas que tú y yo sabemos.Te abrazo y no te resistes, no me dices con voz entrecortada que eso no está bien. Te dejas acariciar y tengo que imaginarme la textura de tu piel y deseo que me hubieras dejado abrazarte cuando tuve la ocasión. En mi sueño eres tú, despojada de imágenes erróneas y falsa moral construida en cimientos que no se sustentan. No entiendo por qué te escondes tanto, si tu interior es hermoso. 
>>No, no digas nada. No quiero que intentes convencerme, porque sé que caeré. Nunca he sido un hombre de principios, y tú me los has quitado. Los has esparcido por el suelo y has ido pisándolos uno a uno, hasta que sólo quedaba la bestia encerrada en una jaula, muerta de deseo, implorando clemencia. Casi la sacas de ahí. ¿sabes? Casi la liberas. Pero pude apartarte a tiempo, y ahora tengo esa extraña calma en la que todo parece fluir tal y como debería. Siento que soy el protagonista de 'Tres sombreros de copa' y sigo estrictamente su guión. Entiéndeme: tengo miedo a dejarlo todo por algo que me parece sumamente efímero. Sé que alargaría la mano para rozarte el pecho y sólo agarraría arena. Porque eres luz, y eres tiempo, pero nunca serás espacio para mi. No me concederás ese privilegio. 
-... 

miércoles, 24 de abril de 2013

lunes, 4 de febrero de 2013

Pararé el tiempo, sólo un momento.

Tendemos a pensar que nunca llegará aquello que más ansiamos. Tendemos a pensar que el futuro es algo que se muestra completamente ajeno a nosotros, que es sólo un concepto universal y que no tiene nada que ver con tu vida. Al fin y al cabo, es el futuro, y eso parece estar a eones de distancia. Estamos anestesiados en cuanto al tiempo. Nos pasamos la vida esperando a que llegue el momento de ir al instituto, de empezar a trabajar, de que lleguen las vacaciones, de encontrar al amor de tu vida... Y cuando llegan, pasan de la forma más fugaz que te puedas imaginar. Y entonces sólo te quedan los recuerdos, dulces o amargos, de lo que estuviste esperando durante tanto tiempo y al final no te llenó ni tan siquiera un poquito.
Cuando era pequeña contaba los años que me faltaban para llegar a secundaria. Cada curso que pasaba me acercaba más a la meta, y eso me entusiasmaba. Era la promesa de una nueva vida, de empezar de cero, incluso la promesa de una de esas americanadas pastelosas con las que nos ha criado Hollywood. Me pasé todo el colegio esperando a crecer, y cuando crecí me di cuenta de que sólo quería volver a ser niña. Me di cuenta de que el instituto tan sólo era un lugar cruel, una jungla donde impera la ley del más fuerte.
Demasiado tarde.
Pero había una nueva meta: la universidad. La fiesta por todo lo alto. La vida del estudiante adulto que folla hasta con las farolas. Incluso quizás me salieran más tetas y me volviera rubia platino con los ojos verdes y empezara a ligar con jugadores de fútbol. Mantuve esa ilusión estúpida hasta que llegué a Bachillerato.
Entonces empecé a crecer, esta vez de verdad, esta vez intelectualmente, y no sólo de forma física. Empecé a echar raíces, a interesarme por las personas. Empecé a encontrar amigos de verdad, esa gente que podría contar con los dedos de una mano y aún me sobrarían unos cuantos. Gente que valía la pena. Empecé a darme cuenta de cómo era el mundo, empecé a tropezarme con paraísos perdidos, y también empecé a amar de esa forma que duele, aunque fuera un momento efímero en mi corta existencia.
Ahora ya tengo respuesta para todo. Pero se me acaba el tiempo. La época de los libros de texto gordos, las tardes con mis amigas, el increíble paisaje de Galicia y su lluvia y sus nubes y su mar azul y los lugares que han ido adquiriendo un significado para mí y todas las frases y momentos absurdos... Están llegando a su fin. Miro al futuro, ese futuro que jamás creí alcanzar, y sólo veo un enorme agujero negro que se traga toda mi adolescencia y al que no puedo evitar. 
Ha llegado la hora de dejar el nido. 
Me asusta. Me asusta mucho, aunque lo haya esperado durante toda mi vida. Mi familia me da igual, sólo me preocupa no saber convivir o no saber manejarme y terminar asfixiada entre un montón de mierda como si tuviera síndrome de Diógenes. Me asusta empezar de cero, porque llevaba haciéndolo toda mi vida hasta que asenté el culo en Vigo. Creo que soy de esas personas que no son de una tierra, si no de su gente. Si pudiera llevarme a la gente que me importa en una maleta, incluso aunque ellos no quieran, incluso aunque tenga que drogarlos, entonces ya no estaría ni la mitad de asustada. Pero dejo la mitad de mi vida aquí, entre mar y montañas, aún con la promesa de hacer todo lo humano y más para no perder el contacto. No quiero tener que volver a buscar a alguien especial, a alguien que valga la pena. No quiero llevarme una decepción tras otra porque la mayoría de los seres racionales son insoportables. Me niego a hacerlo otra vez y a perderme en la gran ciudad.
Y tengo miedo, en parte, de volver a mis orígenes, a no ser aceptada, y a perderme a mí misma y tener que volver a encontrarme.
Miro al futuro y no sé qué hacer, sólo veo un cuadrado negro.

martes, 15 de enero de 2013

¿Cómo se dice cuando ya no hay amor ni odio, si no una mezcla estúpida de ellos dos?


Ya no sé lo que me asusta ni lo que me duele, porque me duele todo. Me duele recordar lo bueno, me duele recordar lo malo, me duele recordar que te odio y me duele recordar que a veces ni siquiera lo hago. Me duele odiar. Ya sabes, de esa manera con la que odian los corazones tristes, los corazones rotos que una vez creyeron estar completos y ahora sólo buscan la mitad que se les ha arrebatado. Me duele el pasado, me duele el futuro y me duele tanto el presente que quema. Duele estar perdida entre tanta rutina, sintiéndote sola en una habitación llena de gente, sabiendo que todo lo que teñía tus días de rosa no volverá a pasar por aquí, que ese tren se fue hace mucho tiempo aunque a veces te eche de menos y vuelva con cualquier excusa, porque tiene una rueda rota, porque ha salido con retraso, porque necesita verte una vez más para quedarse con la última imagen de aquello que una vez quiso y le sigue pareciendo hermoso. Duele pensar que jamás volverá a haber alguien como tú, porque sé que me engaño a mí misma. Pero no veo la luz al final del túnel, no veo a ningún superhéroe que venga a salvarme, nadie se digna por mucho que grite que lo necesito ya. nadie...
Y entonces vuelves, como salido de la nada, rajando mi vida de arriba a abajo de nuevo tras haber creído que todo había acabando, impidiéndome matar el último rayo de esperanza que comenzaba a alejarse de mi ventana. Muchísimas gracias, maldito gilipollas, la has cagado por décima vez en esta relación que nunca fue más que una película mal hecha con el final más destructivo que jamás se haya visto.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Te enamoraste del amor.

-¿Cómo estás?
-¿Vuelves de nuevo, cielo?
-Es lo que estabas buscando, ¿no?
-Sólo para decirte que me dejaras en paz.
-No te echo de menos, amor.
-Yo a ti tampoco, pero echo de menos el amor que te tenía. ¿Sabes ese momento en el que deberías recordar todo lo malo pero te rebelas contra ti mismo y sólo piensas en lo bueno? En aquellos momentos juntos, en las palabras que me decías, cuando me llamaste princesa y no le di importancia, y de pronto comprendo que quizás debí sonreír y besarte, en los paseos por la calle, y en la música de ambiente, y en cuando me tocaste donde no debías y me susurraste a la oreja y en lo guapo que estabas cuando me diste ese beso de película, ¿te acuerdas?
-A veces vuelven a mi memoria, pero todo está empañado.
-Sí, embarrado porque lo que era bonito lo convertimos en grotesco y creamos un monstruo alimentado con odio. Lo malo lo reprimo, ¿sabes? Me avergüenzo de ello, pienso que fui inmadura, o que actué mal, y que metimos la pata hasta el fondo y terminamos de mierda hasta el culo. De pronto me vienen a la mente tus frases hirientes y vomitivas por las que te quería tirar al suelo de un guantazo, me vienen a la mente los últimos días que pasamos juntos y lo mal que estaba yo y lo apático que estabas tú, recuerdo tu actitud de hombre superior y todo eso me da escalofríos y hace que me doble sobre mí misma y eche fuera toda esa mierda que hizo que no aguantara más tu presencia ni tu cara de inocente y que ahora te odie de esa forma con la que sólo odian los corazones tristes.
-Sabías a lo que te enfrentabas desde el principio.
-No me jodas. Siempre pensamos que podremos cambiar a alguien, que con nosotros será diferente porque actuaremos de forma distinta. Yo busco los retos, busco a alguien que me aporte un juego cuyo premio es su amor incondicional. Siempre ha sido así, y no lo puedo cambiar. Las bandejas que me sirven me parecen aburridas, yo busco algo más suculento, de una belleza que sólo yo puedo descubrir, con un detalle que lo haga único y exclusivo para que cree una historia para mí, y sólo para mí, una historia que hable de dragones y magia y cuentos de hadas y el amor imposible que al final triunfa. Y siempre sé cómo acabará el libro antes incluso de empezar a leerlo, por eso a la mitad lo tiro y cojo otro, o simplemente lo pierdo antes de llegar al ''y fueron felices para siempre''. Y, ¿sabes? Ahora que la rutina cae sobre mí, ahora que mi biblioteca particular se ha terminado y ya no hay nada nuevo ni interesante por leer ni releer, ahora que tú, que fuiste lo único en lo que de verdad me volqué en toda mi vida, ahora que ya no estás y que has robado ese libro sin dignarte siquiera a dejarlo en mi posesión y has creado un vacío inmenso de odio nocturno, ahora estoy perdida, ahora no sé qué hacer si me has soltado entre tanto viento y tantas olas y me ahogo porque he decidido que ya no sé nadar y que nunca volveré a aprender. Ahora es cuando la pesada losa de la gris ciudad cae sobre mí y me pregunto si algún día volveré a vivir una novela como esta, como la que te dije que estaba escribiendo y que al final descubrí que no tenía nada que ver contigo porque tú jamás serás el protagonista de tu propia historia. Responde, ¿me quisiste de verdad?
-Sí. Una vez. Supongo que después creí que te quería.
-Y supongo que yo quise creerme que lo creías de verdad.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Starway to Heaven.

Hacía tiempo que no vomitaba las palabras a través de la protección que me brinda una pantalla. Llevaba meses queriendo escribir lo que pienso para aclararme las ideas, hacerme una autoanalítica y diagnosticarme estupidez mental. Coger todo este revoltijo de cosas y de sentimientos y de incongruencias que llevo dentro, esparcirlo por el suelo y seleccionar cada punto uno a uno, estudiándolo detenidamente. Y llevo tanto sin tener una charla de esas conmigo misma que ya no sé si encontraré la forma de ordenar todo este desorden.
Pero por intentarlo tampoco pierdo nada.
Han pasado demasiadas cosas. En menos de seis meses he descubierto que, si bien sabía que me faltaba mucho por madurar, no veía el largo y ancho camino que aún me queda por recorrer. Pero me han hecho avanzar de una patada, me han impulsado con fuerza unos seiscientos metros más allá de donde me encontraba, y ahora trato, confusa, de encontrarme a mí misma, de ver con claridad el lugar en el que estaba y acostumbrarme a este tan nuevo y tan grande y ahora tan vacío. Por una parte he descubierto un mundo distinto, el mundo real en el que yo no soy una losa imperturbable a la que pocas cosas le afectan. Por fin he aprendido a no negar lo evidente, a ser sincera con la persona más importante de mi vida: yo. Y me ha costado 17 años. He aprendido lo que es cometer errores de verdad, tan grandes que desearías tener una máquina del tiempo, que pagarías lo que fuera por ella, sólo para volver al pasado y asesinarte en cualquier esquina por lo idiota que fuiste. Pero también he aprendido a aprender de esos errores y me he dado cuenta de que, con el tiempo, todo lo malo se convierte en bueno, aunque muchas cosas buenas terminen siendo malas.
He estado a punto de transformarme en aquello que terminé detestando. He estado a punto de convertirme en ti. Sí, poco a poco me contagiaste tu manera extraña de ver las cosas, esa manera tan contaminada que tienes, tan influida por tus héroes de papel, tan manchada por una sociedad de la que reniegas pero quieres dominar. Me pegaste la indiferencia moral hasta tal punto que creí que era algo bueno, algo que me situaría cerca de la salida de la caverna de Platón. Me embaucaste, me confundiste, me ofreciste aquello que más ansiaba y lo llamaste libertad, y después me metiste en una jaula de mentiras y desconfianza. Y yo trataba, inútilmente, de llamar tu atención tras los barrotes, te gritaba que me sacaras de ahí dentro, te gritaba que me estaba pudriendo, que estaba empezando a cogerte asco, que iban a aplastarme tus mentiras y las mentiras que creía que me contabas, porque llegó un momento en el que ya no me creí ni tu nombre ni el mío. Casi me llevas por ese sendero de falsa aventura, de falsa promesa de autodestrucción, de conocimientos, de descubrir quién soy, de quererme tanto a mí misma que tú ya no me harías falta, y entonces podría desprenderme de tu recuerdo, y de todos los lugares en los que me besaste, y por fin decir: ''todos aquellos ''yo también te quiero'' te los dije sabiendo que tú me mentías y que sabías que yo respondía a esa mentira mintiendo''. Y sonreír y girarme y caminar hacia la puesta de sol con una música triste de fondo, quizás de the Doors, la canción de The End, o quizás alguna de Bob Dylan y su toque de folk, con tus ojos siguiéndome con tristeza y melancolía pero sabiendo que se acabó, conformándose con las últimas palabras de la persona que creyó, como muchas idiotas piensan, que podría cambiar la personalidad del hombre.
He estado a punto de sucumbir, pero mi personalidad es más grande que la tuya y, aunque nunca ganó ninguna batalla, en el fondo los dos sabemos que se merece estar por encima de ti, allá dónde sólo puedas apreciarla como un diminuto punto junto al que te gustaría estar.
Es curioso, porque en realidad tú significaste mucho más para mí de lo que yo llegaré a significar nunca en tu vida. Tú ya habías vivido esa parte del camino en el que me enseñaste a creer, mientras yo daba palos de ciego muy agarradita de tu mano, pidiéndote que no me soltaras nunca. Y tú, riéndote, me llevaste hasta el borde el barranco, soltaste mi mano, me dijiste que te esperara ahí, que volverías algún día, pero que no era el momento adecuado, y me deseaste buena suerte para el sendero tan largo que me queda por recorrer para jugar a las marionetas de la forma en la que tú lo haces.
Y aquí estoy, por fin curada de mi ceguera, frente a un océano extenso, brillante e inédito, algo tan metafórico que por sí mismo es difícil de describir, dispuesta a dar el salto que me faltaba, el empujón que no me diste para descubrir qué diablos es eso del amor, aunque aún me falte una escalera hacia el cielo.

domingo, 30 de septiembre de 2012

No future.

Una vez se nos ocurrió ir a las afueras de la ciudad y pasamos por delante de un muro pintarrajeado. Tenía todo aquello que una pared blanca expuesta a las gamberradas de grupos adolescentes podía tener: esvásticas rodeadas del símbolo ''prohibido'', la primera letra de anarquía pintada con rojo, la máscara de V, el cogote de Lenin, consignas dichas alguna vez por un gran revolucionario... Prefiero morir de pie que vivir de rodillas. Un cementerio ideológico por el que la gente pasaba sin reparar siquiera, sin darse cuenta de la magia que desprende el arte simple del aerosol, de que las ideas traspasan el cemento para golpear los culos de nuestra ignorancia. Recuerdo que él se quedó quieto, admirando el mural con el ojo crítico de un erudito que visita por primera vez el Louvre. Supuse que estaría orgulloso de lo que otros habían hecho, de las firmes convicciones de algunos que aún se atrevían a creer en la utopía. En su cara esculpida en mármol no se dibujaba ninguna reacción, hasta que sus ojos se toparon con la caligrafía temblorosa, seguramente de un muchacho con cresta y botas militares, de las letras que componían NO FUTURE FOR ME en la esquina superior izquierda.
Hubo una especie de oscilación en el aire que se atrevía a rozar su rostro y de pronto sus cejas se curvaron y se mordió el labio hasta que le salió sangre. Fue como si, de repente, el mundo adquiriera una tonalidad gris y el muro pintarrajeado se volviera rojo de vergüenza y se disculpara por ser tan inútil.
-¿Sabes quién escribió esa frase? -señalaba las palabras NO FUTURE FOR ME con el dedo acusador y en ese momento di gracias de ser un humano y no un amasijo de letras.
-Ignorando la retórica ya que no soy adivina, diré que los Sex Pistols.
-Dices bien y dices mal. Esa frase la escribió un puto gilipollas que escuchaba demasiado punk. Y seguro que sólo se sabía un tema: ese tema. Y seguro que ni siquiera sabía por qué la reina de Inglaterra era tratada con tanta ironía por 'ese grupo tan punk'. Y seguro que llevaba cresta -asentí- y sus papás le compraban todo lo que quería para ser tan punk.
-¿Por qué te cabrea esa frase y no el resto?
-Porque odio, porque me revienta.... Imagínatelo: un grupo de música que cantó un tema sobre un barco de madera en el Támesis por ser la única manera de insultar a su reina de forma legal puso de moda la anarquía. Bakunin debió morir dos veces por aquel entonces.
-Creí que te gustaban los Sex Pistols.
-Sí, pero yo ya creía en la anarquía antes de escucharlos y hacer del NO FUTURE mi lema porque 'en inglés suena más guay'. Y, a la mierda. ¿Sabes por dónde me meto yo su no future? Por el puto culo.
Sacó un spray de uno de los bolsillos de su cazadora vaquera extra-grande y se acercó a la frase que había causado tanta polémica en 1977.
-Esto es lo que pienso yo de los anarcas del palo -y apretó el pitorro.
Volví a aquel lugar 10 años después. Es curioso lo lento que pasa el tiempo en los barrios marginados. Tardé en encontrar el lugar, pero allí estaba. En aquel muro, en la esquina superior izquierda, aún se podía leer: NOW FUTURE FOR ME. Mi nombre salía más abajo, pero lo habían tapado con el graffiti de un pene.



martes, 25 de septiembre de 2012

Plus.

Siempre has soñado con poder salir de tu cárcel de cristal y las paredes de tu habitación se parten el culo de ti.
<<Ahora sólo recuerdas lo bueno. Cuando mires al pasado; recuérdalo tal y como era>>.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Que te follen.

Debería estar llorando. Debería estar compadeciéndome de mí misma. Debería tirarme de los pelos, romper cosas, tirar abajo muros de piedra, gritar cuánto te odio, irme a un bar y pedir una botella de Jack Daniels con mucho hielo y dejar que la locura me invada como a Jack en el Resplandor. Debería estar peor que la última vez que me hiciste daño.
Pero la cosa ha cambiado. Ahora ya no queda amor. Ya no quedan disculpas. Ya no queda una despedida en la que se me caían las lágrimas porque se me desgarraba el corazón de lo mucho que te quería. La tormenta se ha ido y lo ha arrasado todo, ha embarrado todo lo que creí limpio y puro, ha emponzoñado todo aquello que creí tan firme. Y me ha dejado vacía y confusa.
Devuélveme lo que es mío. Devuélveme aquello que sólo podía dar una vez, aquello que creí que al regalar se me tendría en consideración y lo haría todo más bonito. Te he dado lo único que era verdaderamente mío, te he dado tanto... Te ofrecí un cuchillo, mi cuerpo y una diana en el lado izquierdo de mi pecho, confiando en que lo tirarías todo al suelo y me abrazarías.
Te odio tanto. Te quería tanto. Lo has jodido todo tanto por tu estúpida manía de no saber lo que quieres.
Y, sin embargo, aquí estoy. Con la mente más clara que en los últimos tres meses, por fin libre de tu presencia, porque esta vez se ha acabado para siempre. Así que gracias por hacerlo todo tan fácil, por hacerme tanto daño, por hacerme sentir tan sucia, tan traicionada, tan gilipollas. Ahora te odio y eso es más sencillo que echarte de menos, aunque sé que te esperaré en cada esquina con un dardo envenenado en la mano hasta que logre arrancar tu recuerdo de cada parte de mi cuerpo. Hasta que todas las cosas que hicimos juntos no sean más que estupideces de adolescentes inexpertos.

Sólo espero que te arrepientas hasta el final de tus días de haber cometido este error.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Sólo un poco de silencio.

Y ahora cobran sentido todas las letras de las canciones ñoñas, aquellas letras que nunca entendí y que creía echas a máquina. Ahora cobran sentido para mí.
Era una de esas personas que no creía en el amor, pero que en el fondo sólo esperaba que la sacaran de su error.
Bien, pues muchas gracias por hacerlo así. Rápido y conciso. Dándome una hostia nada más abrir los ojos.
Y aún así ni siquiera te odio.

I hope you know
That this has nothing to do with you 
It´s personal, Myself and I 
We´ve got some straightenin´ out to do.


Goodbye, my friend.

jueves, 30 de agosto de 2012

Cállate conciencia.

Vamos a jugar a marear al pato.
No sé qué pasa. No sé que pasará. Y no sé qué pasó y por qué estás tan adicto a ello. Es comprensible volver al pasado y estancarte en él de vez en cuando, nadar en barro una temporada pensando que es bueno para la piel hasta darte cuenta de que está lleno de gusanos. Yo lo hice una vez. Y comprendí que estaba equivocada.
Pero tú sigues obcecado en su pureza, sigues nadando en él pretendiendo que es agua limpia, sigues hundiéndote cada vez más y más en, y voy a decirlo claro, un montón de mierda. No me creo las excusas que sueltas para alargar un poco más tu estancia en arenas movedizas. Jamás me he creído nada de lo que me han dicho si sonaba bien, si sonaba a rosa. ¿Por qué? Porque siempre he tenido miedo a confiar y que me fallen de la forma más dolorosa posible: sacándome el corazón de las entrañas y abriéndolo con cursilería para luego tirarlo a la basura e ir a por otro. Quiero estallar tu cráneo contra un muro y reírme como si estuviera loca, como una bruja de Disney tras cometer el asesinato de la princesa. Pero no podría porque ya es demasiado tarde y se me ha salido el corazón del pecho. Lo veo en tu mano a punto de dormirse, mecido por la estupidez y desgranando un racimo de uvas que ni siquiera se está comiendo. Se está mofando de mí y me asusta saber que tengo todo a mi contra pero me esfuerzo en seguir navegando.
Contra todo pronóstico, mi cáscara nuez sigue intacta. Aún cuando creí que se había hundido hace tiempo.
Puede que me precipite y solamente quiera la sensación que produce ser querido, puede que sólo me haya encandilado el amor. Supongo que a ti también te gusta esa perspectiva de vida dado que te esfuerzas en que te quieran el doble, y cuantos más mejor. Debería colgarte en un árbol y ver cómo agonizas lentamente, cortarte con un cuchillo el estómago y enseñarte las tripas mientras aún vives.
No trates como prioridad a quien te tiene como opción, decían. Quiérete a ti mismo, decían.
Idos a la mierda, decían.
Dejadme dormir.

sábado, 4 de agosto de 2012

Disneylandia.

Cerró el libro, vertiendo un arco-iris difuminado sobre la cama y parte de la mesa. Un puñado de purpurina se esparció por el tapiz, dándole a la alfombra azul un dorado brillo. Su cara hizo una mueca de disgusto y su lengua comenzó a moverse dentro de la boca, intentando expulsar aquel sabor a azúcar refinado que la lectura le había dejado en el paladar. Se encendió un porro. Si tenía que ver unicornios, mejor que fueran producto de la marihuana.

jueves, 26 de julio de 2012

Allí donde solíamos gritar.

La cafetería que había escogido mi buen amigo Charles reflejaba con perfecta franqueza el esnobismo del que llevaba haciendo gala toda su existencia. Había en las paredes papel de la gama sepia que dibujaban extraños estampados a los que no les encontré ninguna gracia. Conferían esos colores un cierto aire vintage a la estancia, que ya de por sí parecía salida de una película en blanco y negro. De estos ornamentados muros colgaban cuadros de directores de películas del siglo XX, todos acompañados de una placa con su nombre y alguna frase célebre que habían soltado en un momento lúcido de su carrera. El que más destacaba era uno de Woody Allen, no sólo por su mera persona, si no por el tamaño de la foto. ''Mi forma de bromear es decir la verdad. Es la broma más divertida.'', rezaba su trozo de metal ennegrecido. 
Me paseé por la estancia y sus mesas de cristal unos segundos hasta decantarme por la que estaba más cerca de la ventana -y más libre de humo-. Un camarero con pinta de haber sido mayordomo en su otra vida me tomó la cuenta, mirándome con unos ojillos de superioridad aplastada por una vida sin ambiciones. Pedí un café que trajo con diligente eficiencia, aunque el ardiente líquido no fuera más que agua chirria demasiado amarga. Le di las gracias, le eché dos sobres de azúcar a la taza de porcelana y esperé. 
Había vuelto a encontrarme con Charles dos días atrás en el metro de Madrid. Lo reconocí por su andar cansado, algo taciturno y torcido, que ya llevaba con desconocimiento en nuestros días mozos. Llevaba además una chaqueta vieja que se había comprado en un outlet en nuestro último año de instituto. Estaba roída por el tiempo, pero bien conservada, como toda buena prenda de piel auténtica. Cuando corrí detrás de él y le di dos toquecitos en el hombro sus ojos me habían enfocado poco a poco, como si al principio creyera que solo se trataba de una indigente que mendigaba algo de dinero.Cuando vislumbró mi cara entre las sombras del pasado su sonrisa se iluminó y las gafas que debía de llevar desde hacía poco, pues en nuestros tiempos gozaba de una notable vista, se le levantaron un centímetro de la nariz, correspondiendo a su sorpresa.
-¡Emily! -exclamó-. Pero, ¿cómo no me has dicho que venías a España? ¡Bribonzuela! 
Le expliqué que me quedaba una semana y no había tenido mucho tiempo de contactar con los viejos amigos. Además, mi antigua agenda estaba perdida por algún lugar de la casa de mis padres, si no la habían tirado a la basura junto con mi ropa de niña. Aceptó mis disculpas sólo con la condición de que quedáramos el viernes en una cafetería nueva que habían abierto en el centro. Protesté, pues prefería volver a visitar la tasca en la que pasábamos las tardes de nuestra adolescencia, un lugar oscuro en el que sonaba rock de la época, pero Charles me dio la noticia de que la habían cerrado cinco años atrás.
-Las cosas no van muy bien. Un negocio como aquel no podía properar en una sociedad tan idiotizada. 
Recordamos nuestras viejas batallas en aquel bar donde habíamos conocido grupos como los Guns y nos despedimos con la promesa de volver a vernos. 
Mi viejo amigo Charles... Mi pobre y viejo amigo Charles.
Apareció por la puerta con sus torpes pasos, haciendo tintinear la campana que pendía de ella. Llevaba su desgastada chaqueta y unos vaqueros que, en contraste, eran nuevos y mantenían su color en perfecto estado. Parecía mayor. Supongo que yo también parecía mayor, pero habíamos envejecido de forma diferente. Él era un hombre de cuarenta años en cuya cara se había dibujado la desilusión ante la vida real, mientras yo saboreaba las mieles del éxito empresarial y conservaba la belleza que había disfrutado en mi juventud. 
...
...


miércoles, 4 de julio de 2012

No me...

Ola, en una corriente. Nace, suave, en un lugar que no conozco, y mecida por la luna navega hasta la orilla, donde rompe cruelmente. Está fría, porque en esta playa no hay nada caliente. Baña mi piel empezando por los pies y siguiendo hasta la cabeza, envolviéndome en un helado manto de indiferencia. Ya no lucho contra la corriente, pero aún me mantengo firme en la arena. Mis manos agarran con desesperación las partículas desintegradas, arañan el cristal y se cortan con las afiladas conchas que se remueven en el agua. Es un ritmo constante. La ola crece, golpea con insistencia y se prepara para otra arremetida. Pero sigo sujeta a la tierra, enterrando mi cuerpo en la arena mojada aunque no sea un buen asidero. 
Mientras la marea me lleva hacia el oscuro fondo marino, ese que es tan hermoso pero esconde un gran peligro, en la orilla tiran de mi unos cangrejitos de finas y sinuosas patas. Me pellizcan la mejilla intentando despertarme del letargo, chillando con odio y miedo. Sé que están preocupados por mí, porque pronto me tragará el océano y allí no podrán seguirme. Sin embargo intento no escucharlos y sé que los negros me están mintiendo, mientras el mar clama con dulzura que me adora y susurra mi nombre a la espuma. Las sirenas acarician mi piel y su canto es hechizante. Sé que los cangrejos se están hartando de mí, y pronto será inevitable que bucee entre la sal. Pero las sirenas me atraen con tanta insistencia...
De momento el cielo está despejado, y luce un sol espléndido. El mar es azul, tanto que duele mirarlo, y brilla en la cresta de las olas que arrastran a los peces. Es hermoso, ¿verdad? Incluso él sabe que es hermoso. Sólo espera a la tormenta que llegará en cuanto me trague para escupir mis huesos sobre la tierra y sembrar con ellos palmeras de desdicha. Palmeras de las que todos se reirán, despreciable humanidad.

lunes, 18 de junio de 2012

Hormigón armado.




Llueve. Al tiempo nunca se le ocurre nada original. Llueve alto, molesto, pesado. De esa forma que solo con escuchar te cala los huesos. Llueve con insistencia, como si las nubes quisieran demostrar algo. Llueve con un ritmo disonante que me taladra los tímpanos. Las gotas golpean el suelo negro, formando ondas en los charcos sucios. Mis ojos las ven grises aunque no tengan color. Pero si caen desde un cielo gris, tienen que ser grises.
En la ciudad todo es gris.
Un hombre con una gabardina negra sale de un supermercado cargado de bolsas. La lluvia lo sorprende y mira a un lado y a otro de la calle, buscando un rincón donde guarecerse. Corre hacia una esquina con las bolsas de plástico azul saltando tras él, llevadas por una mano enguantada en cuero pasado de moda. Lo último que veo de su persona es un puerro que sobresale de una de las bolsas, siguiendo el ritmo frenético del estresado transeúnte. Un gato negro sustituye la figura del hombre, doblando la esquina con paso ágil y escondiéndose bajo un coche del color del metal. A donde quiera que mire la gente corre o se resguarda bajo un paragüas que mantiene una lucha con el viento para no doblarse. Nadie se da cuenta de la presencia de nadie, los ojos están fijos en los charcos del suelo para no meter el pie calzado en una zapatilla que seguramente no costaba su valor.
El humo de los tubos de escape tiñe el aire de marrón y se eleva como un angelito pérfido hacia la bóveda celeste, corriendo, riendo, apestando a combustión de gases y aliento de perro. Un autobús toca el claxon en la esquina este, pero no es el mío. Su color violeta contrasta con los colores tristes de la urbe que amanece con resaca. Tomo un sorbo de café aguado. Una decena de peatones corre hacia el vehículo con ridículos pasitos de momia recién levantada. A una mujer se le cae el bolso y una revista del corazón vuela por los aires. Cae en una boca de alcantarilla y la paradoja me hace sonreír durante unos momentos. La mujer ya ha subido al auto y el chófer la mira con los ojos de alguien que se ha acostumbrado a ir con prisas. La puerta hace ruido al cerrarse. El motor gruñe al arrancar. Las ruedas chirrían cuando giran sobre su eje. Y otra vez el tubo de escape deja escapar a uno de sus hijos bastardos ahumados hacia el reino de los cielos donde, si de verdad hay algún Dios, debe de tener un cáncer de pulmón descomunal. Un cáncer que no lo cura ni Dios. Dato curioso. Me río ante el que debe ser el peor chiste de la historia.
Bajo una berlina, en un día como tantos, una chica espera el autobús para ir a su universidad. Viste una chaqueta vaquera y unos pitillos negros, nada del otro mundo porque hoy se ha levantado demasiado dormida. Su pelo del color de las hojas de otoño le cae, largo y ondulado, por la espalda.
Supongo que si escribiera un libro sobre este momento empezaría así, hablando directamente sobre la protagonista. Supongo que no me lo publicarían, pero tampoco he aspirado nunca a llegar a mucho en el mundo de la literatura. Supongo que ese arte es un don que me ha sido vedado. Mi madre solía decirme que se me daba bien la poesía, pero...
Cruce de miradas.
Ñick. Como una descarga eléctrica que me chirría en el cerebro. Me llega la imagen de un mensaje subliminal de un video viejo en cero coma dos segundos. Unos ojos color miel que parpadean. Y me miran, y sonríen, sonríen aunque no tienen boca, y me desafían a sonreír con ellos, y a seguir mirando, y a desafiarlos a hacer lo mismo y desafiarlos también. Todo en cero coma dos segundos. Demasiado rápido. Busco al dueño del mensaje subliminal efímero, pero la llegada de un autobús demasiado grande me lo tapa. No hay transparencia en la ciudad gris. Me levanto y doy dos pasos hacia la parte delantera del vehículo. Un hombre con barba me empuja sin querer. O queriendo, porque creo que me he colado. Me pongo detrás de él. Observo. Olfateo. Busco un rastro. Ni siquiera recuerdo dónde estaban aquellos ojos. Avanzo un puesto más en la cola y saco la tarjeta color verde de la cartera. Subo. Una escalera, dos. Tienen una lucecilla en el centro que siempre me ha parecido grotesca. Pago sin saludar siquiera, porque en la ciudad gris nadie saluda porque nadie se conoce porque nadie se molesta en conocerse ni a sí mismo. Y miro a través de la ventana del conductor. Y puedo escucharlo, aunque nos separe una carretera transitada por coches metálicos que hacen ruido y sueltan ángeles marrones. Me llega junto al aire enrarecido: la exhalación del humo de un pitillo de liar. Siento una extraña calma, como si lo fumara yo. El pitillo se acerca a una boca llevado por una mano grande y fina de la que pende una pulsera de cuero. Da una calada y sonríe, y es como si esa boca estuviera a dos centímetros de mí. En cero coma dos segundos, veo la cara de un chico que me sonríe de forma subliminal.
El bus arranca.

Me apretujo en uno de los asientos traseros tras abrirme paso entre los pesados cuerpos de las personas que se acaban de levantar. No es tarea fácil, pues son como rocas tozudas que se niegan a despertar de su sueño eterno y se dedican a obstaculizar el camino. Sin embargo, como cada mañana, lo consigo, y me siento con un suspiro de triunfo junto a la ventanilla. La ciudad gris se desdibuja al otro lado, pasando por delante de mis ojos como en un desfile militar al que no le encuentro formas. Apoyo la cabeza en el cristal y dejo que vibre en su fría superficie, removiéndome el cerebro y haciéndome cosquillas en la sien. La humedad de la ventana me moja algunos mechones de cabello color castaño, o marrón otoño, como solía decir mi madre. Y entonces la imagen vuelve, como traída por un susurro, a mi mente, y veo aquel cigarro y aquella boca y aquellos ojos que me desafiaban a seguir un juego que no conozco. Los párpados se me caen y esbozo una especie de mueca, pero no sabría decir si es de disgusto o de diversión. Le doy demasiada importancia a las cosas pequeñas, como esta. Un simple cruce de miradas que ya ocupa mi mente en el viaje en autobús de la mañana. Pero todo capta mi atención, y veo la belleza de las cosas en cada nimiedad: la caída de una hoja del árbol, una hormiga que carga con un peso veinte veces mayor que ella, la estrella brillante que pende del cielo todas las noches... La única estrella que se puede ver, tan solitaria, cuyos amigos ha robado la contaminación lumínica.

jueves, 14 de junio de 2012

Vo-ca-li-za.

La forma de entender algo es lanzando la pregunta al aire, dejando una incógnita sin resolver. Darle vueltas, torturarla, pisotearla y mofarse de ella hasta que quede en un rincón olvidada, machacada por el peso de tu melancolía, traumatizada e inservible. Deberás entonces irte, irte lejos. De vacaciones en la Roma que nunca has visto, con una maleta de cuero y lo indispensable para sentirte guapa, con un pañuelo que huela a salvaje primavera y unas gafas de sol de cristal oscuro que oculten la perversión de sus ojos.
Un clavo saca a otro clavo y huir es la solución a todos tus problemas. La piedra del camino que habías apartado parecerá entonces una minúscula hormiga fácil de aplastar, tan distante en la lejanía, tan cerca del principio y sin posibilidad de acceder al final. El circunloquio será un camino yerto que seguirás con inocencia, con una sonrisa en la cara, sobre los zapatos de tu confianza.
Y entonces pum, pared. Pared y piedra para la persona que creía haber maltratado al problema hasta hacerlo llorar de rabia.
La roca, ahora más grande y pintada de verde por el musgo y la borralla, se habrá convertido en un cúmulo de sedimentos reprimidos, aplastados con la esperanza de ser olvidados en lo más hondo del rincón de los lamentos. Será un señor Mineral con monóculo y bigote de pega, zafio y mezquino como sólo los más negros sentimientos del alma habrán sabido gestar.
Golpeará la piedra la fina capa de cristal que cubría el risueño rostro para hacerlo sangrar de hipocresía, y será entonces cuando suenen las trompetas y empiece una nueva guerra civil en tu conciencia.

domingo, 10 de junio de 2012

Charles Baudelaire diría...

El pirata girará la rueda de norte a sur, de este a oeste, infinitas veces hasta que el timón ya no señala a ningún lugar y el barco encalla en una playa desierta. Será entonces un navío cuya tripulación se bambolee, impresionada y extasiada por el triunfo de haber sobrevivido a tal naufragio, sólo para darse cuenta de que el capitán ha desaparecido. Y vuela en el Apolo 11 hacia Marte soltando espumaracos por la boca.
Los monos saldrán de sus jaulas, se comerán la madera que recubría la perla del mar. Rasgarán las velas de blanco desteñido por el humo y romperán el mástil trepando por él en una loca carrera. El timón caerá, inerte, con un golpe seco, sobre la cubierta de marfil, sangrando sal y canciones de ron. Y el Terror quedará yerto, vacío en su esqueleto de hierro y varado sobre la isla de Robinson.

domingo, 3 de junio de 2012

Ojalá se me olvidara hasta tu nombre.

Y aún después de todo este tiempo el pájaro de mi pecho sigue cantando cuando te veo. Aletea incansable cuando nuestras miradas se cruzan y yo la aparto con algo parecido al asco y el miedo. Me gustaría coger una escopeta y bucear en ese lugar al que llaman corazón para romperlo y enterrar al ruiseñor más abajo de mi vientre, en un amasijo de vísceras y sangre, para que cuando cante me haga vomitar.
He hecho seis documentos en la oficina de mi mente en los que expongo la razón de mi querella y te denuncio  por maltrato. He convencido a mi lengua para que escupa veneno sobre tu nombre y me he prohibido nombrarlo por completo y paladear sólo una burla de él. Todo lo que es puntiagudo me recuerda a ti y no puedo evitar odiarlo.  Me he inventado maneras de resetear la memoria para no buscarte en cada rincón del mundo, doblando la esquina del bulevar de los sueños rotos, en los barrios de Suburbia. He asentido y he salivado palabras que sentía en parte, porque lo cierto es que te desprecio. Porque tú me has hecho daño.
Y ya solo echo de menos esa complicidad que al mirar desde un plano tan alejado como el presente encuentro falsa. Veo un retrato en el que te observo con una sonrisa y tú miras al frente, esperando encontrar una manera de alzarte sobre mí y cubrirme con el manto que robaste a Narciso. Y me pinto una cara de aceptación porque me conformo con mirarte desde el suelo, cuando lo cierto es que yo misma me he cavado el agujero en el que me metiste.
A veces me golpean recuerdos que abren sus alas como cuervos negros y entonces mi propio cuerpo se estremece de repugnancia. Y sacudo la cabeza, intentando espantarlos, pero hay lugares que ya son sólo una prueba del pecado que cometimos.
Y si, y si, y si. Y si pudiera volver al pasado, prohibirte acercarte a mí, cambiarme el vestido negro, desviarme tres metros a la derecha, no preguntar por nada, no apostar por causas perdidas, no ser tan caprichosa... Saber. Saber que yo estaba ahí para todo y tú te encontrabas ausente, sentado en tu trono sin corona, alabado por tus perros falderos, tus bufones y tus bailarinas exóticas. Y ahora lo siento, ya es demasiado tarde. Te has convertido en un tirano, y tus perros te han mordido, tus bufones te han convertido en su chiste particular y tus bailarinas exóticas han descubierto el tamaño de tu pene.

jueves, 31 de mayo de 2012

La alta cuna de la que me caí.

La prima Margaret curvó sus finos y siempre fruncidos labios en una sonrisa de fingida cordialidad, ocultando tras ellos un dardo impregnado en veneno de víbora.
-Querida ¿qué opina de la nueva colección de sombreros de París?
Alcé la vista hacia su rostro.
-Sublime, sublime -no tenía ni repajolera idea de lo que me estaba hablando-. Unos sombreros exquisitos -y me imaginé a mí misma comiéndome uno.
-¿Y cuál es su preferido? -Miss Smith se inclinó hacia mí y me sirvió una taza de té. El líquido calló sobre el recipiente con un sonido que me recordó al de un caballo orinando sobre el asfalto. Volutas de humo ascendían de él, arrebolándose en el ambiente y dispersándose como niños traviesos o diablillos salidos del infierno.
-El que tenía la cinta verde -siempre había uno que tenía la cinta verde, con eso no podías fallar. Era tan seguro como que en invierno hace frío y tan común como la frigidez entre las mujeres de la clase alta londinense. Bueno, puede que un poco menos que eso.
-Oh, yo ese lo encontré horrendo. Pero bueno, ya sabemos que tú gusto es algo peculiar.
-Yo sólo quiero lo mejor para mi cabeza.
-A veces lo mejor no siempre es lo más adecuado -y la mujer que se sentaba cerca de la prima Margaret tomó un sorbo de té como para dotar sus palabras de lapidaria serenidad. Se hizo un silencio de aprobación, aunque todas sabíamos que lo que había dicho no tenía ni una pizca de sentido. Apodé a la mujer Miss Mema y decidí que sus frases ya sólo serían un canto molesto para mí.
-Ayer Guinevere vino a visitarme con unos guantes de piel de corderillo -otra repipi, vestido verde-. ¡De piel de corderillo, imaginaos!
-¡De piel de corderillo!
-¡Oh, Dios mío!
-¡De corderillo!
Por un momento, la sala quedó en silencio y todos los ojos se dirigieron a mí, esperando que diera un bufido de indignación ante el desfavorable uso de la prenda de Miss Guinevere.
-¡Guantes... feos! -mi cerebro le pegó una patada a mi lengua por desobediente. Miss Mema se tapó la boca con una de sus finas y arrugadas manos para ocultar la carcajada que pugnaba por salir de ella. Las viejas arpías me miraban con incredulidad.
El momento incómodo duró sólo unos instantes hasta que, instigadas por el amor al cotorreo, la de verde graznó:
-Desde luego hay gente que usaría diamantes a la hora del desayuno -desde luego,desde luego. ¿Qué sería lo próximo? ¿Fumar sin filtro? ¿Beber sin copa?
-Hablando de eso, el otro día, en el Brunch de Mr. Swiper, vieron a Lady Lilliant tontear con el ricachón de Venezuela.
-¡Oh, madre de Dios! Está usted tomándome el pelo, pero si ese hombre tiene cincuenta años.
-¡Y la chiquilla dieciocho!
-¡Y el señor una mina de oro! -solté sin tapujo alguno posando el té sobre la mesa-. De lo que se deduce que el amor no es ciego, si no interesado.
-Bueno niña, las cosas son así. Hay que pensar siempre en lo mejor para la familia y para Gran Bretaña -y la vieja vestida de negro acompañó su discurso haciendo la señal de la cruz y besando su rosario. Estaba segura de que Dios lloraba por su culpa en algún lugar del Reino de los Cielos.
Mordisqueé una pasta ignorando el comentario de la señora de luto.
-Lalalalalala.
De todas formas, sí era verdad lo que decía.
-Lalalala.
Aunque me negaba a creer que yo sufriría el mismo destino.
-¡Lalalalalala!
-¡Morgana!
-¿Qué?
-Miss Rawen le está hablando -mi prima rechinaba odio y sus ojos me gritaban cándidamente que la estaba dejando en ridículo.
Miss Rawen, claro. Miss Mema.
-¿Sí?
-Decía que cuándo pensaba casarse la señorita -un retintín reprochador bañaba todas y cada una de las sílabas que pronunciaba.
Tintineé el dedo índice derecho sobre la pasta, toquetéandola un poquito. Me eché hacia atrás en el sillón, Mire a aquella mujer de pelo blanco y ojos fríos. Me reí de ella interiormente. Me mordí el labio inferior y puse los ojos en blanco. Torcí el gesto, crucé las piernas, las descrucé y lancé la galleta al aire. Me levanté.
Me aburría soberanamente.
-Soy lesbiana.
Y salí de la habitación vanagloriándome de aquella mentirijilla que me libraría para siempre de la hora del té. -Ah, y creo que estoy enamorada de Margaret.
Jaque mate.



martes, 1 de mayo de 2012

Del palo.

>>Bueno, antes de empezar debo decir que no pienso cortarme en este tablón. Que si lo hago es para intentar que vosotros, animales, razonéis un poco y os ganéis ese derecho a creeros superiores.
Con esto de las modas, la sociedad va dando cada vez mas asco. Recuerdo cuando hace solo un par de meses, tener una ideología liberal era considerado como "oh, esa tía está loca" o "es una inconsciente, quiere una utopía". Recuerdo cuantas tardes me pasé defendiendo que la Anarquía podría ser posible, pero no ahora. Recuerdo que, muchos de los que ahora se consideran a si mismos "anarquistas, pacifistas, o hippies", en su día me llamaron loca, y sabéis que os digo?
Que me dáis asco, todos y cada uno de vosotros, porque desprestigiáis absolutamente la mentalidad de muchas personas que se dejan la piel en aprender de sí mismos y de los demás cada día, personas que han formado su propia forma de pensar sin influencias ni MODAS absurdas.
Así que, niñatas anarquistas del palo, hippies que por fumarse un verde se creen los más concienciados ..
.. creo que la única solución para esta absurda moda que personalmente me toca los cojones con ganas, es que empecéis a pensar por vosotros mismos, que no creo que sea tan difícil.
Habéis perdido mi respeto, y posiblemente el de todas las personas que piensen como yo, y que se hayan dado cuenta de esta estupidez.
Así que, la próxima vez que me conecte al tuenti, intentaré no pensar en las niñatas que rondan por aquí con estados y tablones poniendo lo "anarquistas y liberales" que son, y me limitaré a sentir asco por vosotros.
Con todo el desprecio del mundo, un saludo.
- E.O