jueves, 16 de junio de 2011

-Dame tu nombre
-¿Nombre? ¿Osas pedir mi nombre? ¿Sabes acaso que es mi posesión más preciada, la única que conservaré hasta que me muera? No deberíamos tomarnos los nombres tan a la ligera. Es más, ¿qué importan los nombres? Es algo que obsesiona a todo el mundo. La primera vez que conoces a alguien: hola, ¿cómo te llamas? Sin decir nada más original. Sería mejor empezar tirándole de las orejas o felicitándole el cumpleaños. ¡Oh, sí! Te has perdido todos sus cumpleaños, ¿no? Entonces tendrías que felicitarlo, pongamos, ¡dieciséis veces! Sí, eso sería una forma muy original de prensentarse. Felicidades. Felicidades. Felicidades. Bueno, ya me entiendes.
-Solo te he pedido el nombre.
-Y yo te he dicho que es mío, y no te lo doy.

miércoles, 8 de junio de 2011

No hay princesas.

Yo aqui, quieta, y voy viendo lo demás, todo lo demás, y es divertido ver cómo cambia y se vuelve a enrevesar. Y, ya vés, así con tilde, que si no tienes nada, nada te van a dar y, ya ves, ya lo ves, qué mundo tan cruel. Y qué quieren los príncipes que besas y se convierten en sapo, quién cree en las hadas, y dónde están los dragones malvados y dónde dejaste el honor, caballero. ¿Dónde está tu miedo, princesa, lo has dejado aparcado? Ya ves. Ahora te sientes dueña de tu historia y no viene a salvarte nadie. Que se pudran en su castillo las que esperan a su jinete, que yo ya he salido por la ventana, tirándome de cabeza, y he aterrizado sana y, ya ves, que se ha puesto el mundo haciendo el pino y ahora está al revés.

miércoles, 1 de junio de 2011

Wooooo. Hey. Soy una bella flor.  Y ahora más pequeñita.  Enanita.

No me tienen en consideración porque hablo a susurros, pero a veces deberían escucharme. Deberían agacharse un poquitín y oír lo que les digo. Seguir mi débil voz, que se convertirá algún día en la más fuerte de las voces. 



Y ahora, una mosca.