martes, 25 de septiembre de 2012

Plus.

Siempre has soñado con poder salir de tu cárcel de cristal y las paredes de tu habitación se parten el culo de ti.
<<Ahora sólo recuerdas lo bueno. Cuando mires al pasado; recuérdalo tal y como era>>.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Que te follen.

Debería estar llorando. Debería estar compadeciéndome de mí misma. Debería tirarme de los pelos, romper cosas, tirar abajo muros de piedra, gritar cuánto te odio, irme a un bar y pedir una botella de Jack Daniels con mucho hielo y dejar que la locura me invada como a Jack en el Resplandor. Debería estar peor que la última vez que me hiciste daño.
Pero la cosa ha cambiado. Ahora ya no queda amor. Ya no quedan disculpas. Ya no queda una despedida en la que se me caían las lágrimas porque se me desgarraba el corazón de lo mucho que te quería. La tormenta se ha ido y lo ha arrasado todo, ha embarrado todo lo que creí limpio y puro, ha emponzoñado todo aquello que creí tan firme. Y me ha dejado vacía y confusa.
Devuélveme lo que es mío. Devuélveme aquello que sólo podía dar una vez, aquello que creí que al regalar se me tendría en consideración y lo haría todo más bonito. Te he dado lo único que era verdaderamente mío, te he dado tanto... Te ofrecí un cuchillo, mi cuerpo y una diana en el lado izquierdo de mi pecho, confiando en que lo tirarías todo al suelo y me abrazarías.
Te odio tanto. Te quería tanto. Lo has jodido todo tanto por tu estúpida manía de no saber lo que quieres.
Y, sin embargo, aquí estoy. Con la mente más clara que en los últimos tres meses, por fin libre de tu presencia, porque esta vez se ha acabado para siempre. Así que gracias por hacerlo todo tan fácil, por hacerme tanto daño, por hacerme sentir tan sucia, tan traicionada, tan gilipollas. Ahora te odio y eso es más sencillo que echarte de menos, aunque sé que te esperaré en cada esquina con un dardo envenenado en la mano hasta que logre arrancar tu recuerdo de cada parte de mi cuerpo. Hasta que todas las cosas que hicimos juntos no sean más que estupideces de adolescentes inexpertos.

Sólo espero que te arrepientas hasta el final de tus días de haber cometido este error.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Sólo un poco de silencio.

Y ahora cobran sentido todas las letras de las canciones ñoñas, aquellas letras que nunca entendí y que creía echas a máquina. Ahora cobran sentido para mí.
Era una de esas personas que no creía en el amor, pero que en el fondo sólo esperaba que la sacaran de su error.
Bien, pues muchas gracias por hacerlo así. Rápido y conciso. Dándome una hostia nada más abrir los ojos.
Y aún así ni siquiera te odio.

I hope you know
That this has nothing to do with you 
It´s personal, Myself and I 
We´ve got some straightenin´ out to do.


Goodbye, my friend.

jueves, 30 de agosto de 2012

Cállate conciencia.

Vamos a jugar a marear al pato.
No sé qué pasa. No sé que pasará. Y no sé qué pasó y por qué estás tan adicto a ello. Es comprensible volver al pasado y estancarte en él de vez en cuando, nadar en barro una temporada pensando que es bueno para la piel hasta darte cuenta de que está lleno de gusanos. Yo lo hice una vez. Y comprendí que estaba equivocada.
Pero tú sigues obcecado en su pureza, sigues nadando en él pretendiendo que es agua limpia, sigues hundiéndote cada vez más y más en, y voy a decirlo claro, un montón de mierda. No me creo las excusas que sueltas para alargar un poco más tu estancia en arenas movedizas. Jamás me he creído nada de lo que me han dicho si sonaba bien, si sonaba a rosa. ¿Por qué? Porque siempre he tenido miedo a confiar y que me fallen de la forma más dolorosa posible: sacándome el corazón de las entrañas y abriéndolo con cursilería para luego tirarlo a la basura e ir a por otro. Quiero estallar tu cráneo contra un muro y reírme como si estuviera loca, como una bruja de Disney tras cometer el asesinato de la princesa. Pero no podría porque ya es demasiado tarde y se me ha salido el corazón del pecho. Lo veo en tu mano a punto de dormirse, mecido por la estupidez y desgranando un racimo de uvas que ni siquiera se está comiendo. Se está mofando de mí y me asusta saber que tengo todo a mi contra pero me esfuerzo en seguir navegando.
Contra todo pronóstico, mi cáscara nuez sigue intacta. Aún cuando creí que se había hundido hace tiempo.
Puede que me precipite y solamente quiera la sensación que produce ser querido, puede que sólo me haya encandilado el amor. Supongo que a ti también te gusta esa perspectiva de vida dado que te esfuerzas en que te quieran el doble, y cuantos más mejor. Debería colgarte en un árbol y ver cómo agonizas lentamente, cortarte con un cuchillo el estómago y enseñarte las tripas mientras aún vives.
No trates como prioridad a quien te tiene como opción, decían. Quiérete a ti mismo, decían.
Idos a la mierda, decían.
Dejadme dormir.

sábado, 4 de agosto de 2012

Disneylandia.

Cerró el libro, vertiendo un arco-iris difuminado sobre la cama y parte de la mesa. Un puñado de purpurina se esparció por el tapiz, dándole a la alfombra azul un dorado brillo. Su cara hizo una mueca de disgusto y su lengua comenzó a moverse dentro de la boca, intentando expulsar aquel sabor a azúcar refinado que la lectura le había dejado en el paladar. Se encendió un porro. Si tenía que ver unicornios, mejor que fueran producto de la marihuana.

jueves, 26 de julio de 2012

Allí donde solíamos gritar.

La cafetería que había escogido mi buen amigo Charles reflejaba con perfecta franqueza el esnobismo del que llevaba haciendo gala toda su existencia. Había en las paredes papel de la gama sepia que dibujaban extraños estampados a los que no les encontré ninguna gracia. Conferían esos colores un cierto aire vintage a la estancia, que ya de por sí parecía salida de una película en blanco y negro. De estos ornamentados muros colgaban cuadros de directores de películas del siglo XX, todos acompañados de una placa con su nombre y alguna frase célebre que habían soltado en un momento lúcido de su carrera. El que más destacaba era uno de Woody Allen, no sólo por su mera persona, si no por el tamaño de la foto. ''Mi forma de bromear es decir la verdad. Es la broma más divertida.'', rezaba su trozo de metal ennegrecido. 
Me paseé por la estancia y sus mesas de cristal unos segundos hasta decantarme por la que estaba más cerca de la ventana -y más libre de humo-. Un camarero con pinta de haber sido mayordomo en su otra vida me tomó la cuenta, mirándome con unos ojillos de superioridad aplastada por una vida sin ambiciones. Pedí un café que trajo con diligente eficiencia, aunque el ardiente líquido no fuera más que agua chirria demasiado amarga. Le di las gracias, le eché dos sobres de azúcar a la taza de porcelana y esperé. 
Había vuelto a encontrarme con Charles dos días atrás en el metro de Madrid. Lo reconocí por su andar cansado, algo taciturno y torcido, que ya llevaba con desconocimiento en nuestros días mozos. Llevaba además una chaqueta vieja que se había comprado en un outlet en nuestro último año de instituto. Estaba roída por el tiempo, pero bien conservada, como toda buena prenda de piel auténtica. Cuando corrí detrás de él y le di dos toquecitos en el hombro sus ojos me habían enfocado poco a poco, como si al principio creyera que solo se trataba de una indigente que mendigaba algo de dinero.Cuando vislumbró mi cara entre las sombras del pasado su sonrisa se iluminó y las gafas que debía de llevar desde hacía poco, pues en nuestros tiempos gozaba de una notable vista, se le levantaron un centímetro de la nariz, correspondiendo a su sorpresa.
-¡Emily! -exclamó-. Pero, ¿cómo no me has dicho que venías a España? ¡Bribonzuela! 
Le expliqué que me quedaba una semana y no había tenido mucho tiempo de contactar con los viejos amigos. Además, mi antigua agenda estaba perdida por algún lugar de la casa de mis padres, si no la habían tirado a la basura junto con mi ropa de niña. Aceptó mis disculpas sólo con la condición de que quedáramos el viernes en una cafetería nueva que habían abierto en el centro. Protesté, pues prefería volver a visitar la tasca en la que pasábamos las tardes de nuestra adolescencia, un lugar oscuro en el que sonaba rock de la época, pero Charles me dio la noticia de que la habían cerrado cinco años atrás.
-Las cosas no van muy bien. Un negocio como aquel no podía properar en una sociedad tan idiotizada. 
Recordamos nuestras viejas batallas en aquel bar donde habíamos conocido grupos como los Guns y nos despedimos con la promesa de volver a vernos. 
Mi viejo amigo Charles... Mi pobre y viejo amigo Charles.
Apareció por la puerta con sus torpes pasos, haciendo tintinear la campana que pendía de ella. Llevaba su desgastada chaqueta y unos vaqueros que, en contraste, eran nuevos y mantenían su color en perfecto estado. Parecía mayor. Supongo que yo también parecía mayor, pero habíamos envejecido de forma diferente. Él era un hombre de cuarenta años en cuya cara se había dibujado la desilusión ante la vida real, mientras yo saboreaba las mieles del éxito empresarial y conservaba la belleza que había disfrutado en mi juventud. 
...
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miércoles, 4 de julio de 2012

No me...

Ola, en una corriente. Nace, suave, en un lugar que no conozco, y mecida por la luna navega hasta la orilla, donde rompe cruelmente. Está fría, porque en esta playa no hay nada caliente. Baña mi piel empezando por los pies y siguiendo hasta la cabeza, envolviéndome en un helado manto de indiferencia. Ya no lucho contra la corriente, pero aún me mantengo firme en la arena. Mis manos agarran con desesperación las partículas desintegradas, arañan el cristal y se cortan con las afiladas conchas que se remueven en el agua. Es un ritmo constante. La ola crece, golpea con insistencia y se prepara para otra arremetida. Pero sigo sujeta a la tierra, enterrando mi cuerpo en la arena mojada aunque no sea un buen asidero. 
Mientras la marea me lleva hacia el oscuro fondo marino, ese que es tan hermoso pero esconde un gran peligro, en la orilla tiran de mi unos cangrejitos de finas y sinuosas patas. Me pellizcan la mejilla intentando despertarme del letargo, chillando con odio y miedo. Sé que están preocupados por mí, porque pronto me tragará el océano y allí no podrán seguirme. Sin embargo intento no escucharlos y sé que los negros me están mintiendo, mientras el mar clama con dulzura que me adora y susurra mi nombre a la espuma. Las sirenas acarician mi piel y su canto es hechizante. Sé que los cangrejos se están hartando de mí, y pronto será inevitable que bucee entre la sal. Pero las sirenas me atraen con tanta insistencia...
De momento el cielo está despejado, y luce un sol espléndido. El mar es azul, tanto que duele mirarlo, y brilla en la cresta de las olas que arrastran a los peces. Es hermoso, ¿verdad? Incluso él sabe que es hermoso. Sólo espera a la tormenta que llegará en cuanto me trague para escupir mis huesos sobre la tierra y sembrar con ellos palmeras de desdicha. Palmeras de las que todos se reirán, despreciable humanidad.