Hacía tiempo que no vomitaba las palabras a través de la protección que me brinda una pantalla. Llevaba meses queriendo escribir lo que pienso para aclararme las ideas, hacerme una autoanalítica y diagnosticarme estupidez mental. Coger todo este revoltijo de cosas y de sentimientos y de incongruencias que llevo dentro, esparcirlo por el suelo y seleccionar cada punto uno a uno, estudiándolo detenidamente. Y llevo tanto sin tener una charla de esas conmigo misma que ya no sé si encontraré la forma de ordenar todo este desorden.
Pero por intentarlo tampoco pierdo nada.
Han pasado demasiadas cosas. En menos de seis meses he descubierto que, si bien sabía que me faltaba mucho por madurar, no veía el largo y ancho camino que aún me queda por recorrer. Pero me han hecho avanzar de una patada, me han impulsado con fuerza unos seiscientos metros más allá de donde me encontraba, y ahora trato, confusa, de encontrarme a mí misma, de ver con claridad el lugar en el que estaba y acostumbrarme a este tan nuevo y tan grande y ahora tan vacío. Por una parte he descubierto un mundo distinto, el mundo real en el que yo no soy una losa imperturbable a la que pocas cosas le afectan. Por fin he aprendido a no negar lo evidente, a ser sincera con la persona más importante de mi vida: yo. Y me ha costado 17 años. He aprendido lo que es cometer errores de verdad, tan grandes que desearías tener una máquina del tiempo, que pagarías lo que fuera por ella, sólo para volver al pasado y asesinarte en cualquier esquina por lo idiota que fuiste. Pero también he aprendido a aprender de esos errores y me he dado cuenta de que, con el tiempo, todo lo malo se convierte en bueno, aunque muchas cosas buenas terminen siendo malas.
He estado a punto de transformarme en aquello que terminé detestando. He estado a punto de convertirme en ti. Sí, poco a poco me contagiaste tu manera extraña de ver las cosas, esa manera tan contaminada que tienes, tan influida por tus héroes de papel, tan manchada por una sociedad de la que reniegas pero quieres dominar. Me pegaste la indiferencia moral hasta tal punto que creí que era algo bueno, algo que me situaría cerca de la salida de la caverna de Platón. Me embaucaste, me confundiste, me ofreciste aquello que más ansiaba y lo llamaste libertad, y después me metiste en una jaula de mentiras y desconfianza. Y yo trataba, inútilmente, de llamar tu atención tras los barrotes, te gritaba que me sacaras de ahí dentro, te gritaba que me estaba pudriendo, que estaba empezando a cogerte asco, que iban a aplastarme tus mentiras y las mentiras que creía que me contabas, porque llegó un momento en el que ya no me creí ni tu nombre ni el mío. Casi me llevas por ese sendero de falsa aventura, de falsa promesa de autodestrucción, de conocimientos, de descubrir quién soy, de quererme tanto a mí misma que tú ya no me harías falta, y entonces podría desprenderme de tu recuerdo, y de todos los lugares en los que me besaste, y por fin decir: ''todos aquellos ''yo también te quiero'' te los dije sabiendo que tú me mentías y que sabías que yo respondía a esa mentira mintiendo''. Y sonreír y girarme y caminar hacia la puesta de sol con una música triste de fondo, quizás de the Doors, la canción de The End, o quizás alguna de Bob Dylan y su toque de folk, con tus ojos siguiéndome con tristeza y melancolía pero sabiendo que se acabó, conformándose con las últimas palabras de la persona que creyó, como muchas idiotas piensan, que podría cambiar la personalidad del hombre.
He estado a punto de sucumbir, pero mi personalidad es más grande que la tuya y, aunque nunca ganó ninguna batalla, en el fondo los dos sabemos que se merece estar por encima de ti, allá dónde sólo puedas apreciarla como un diminuto punto junto al que te gustaría estar.
Es curioso, porque en realidad tú significaste mucho más para mí de lo que yo llegaré a significar nunca en tu vida. Tú ya habías vivido esa parte del camino en el que me enseñaste a creer, mientras yo daba palos de ciego muy agarradita de tu mano, pidiéndote que no me soltaras nunca. Y tú, riéndote, me llevaste hasta el borde el barranco, soltaste mi mano, me dijiste que te esperara ahí, que volverías algún día, pero que no era el momento adecuado, y me deseaste buena suerte para el sendero tan largo que me queda por recorrer para jugar a las marionetas de la forma en la que tú lo haces.
Y aquí estoy, por fin curada de mi ceguera, frente a un océano extenso, brillante e inédito, algo tan metafórico que por sí mismo es difícil de describir, dispuesta a dar el salto que me faltaba, el empujón que no me diste para descubrir qué diablos es eso del amor, aunque aún me falte una escalera hacia el cielo.
jueves, 29 de noviembre de 2012
domingo, 30 de septiembre de 2012
No future.
Una vez se nos ocurrió ir a las afueras de la ciudad y pasamos por delante de un muro pintarrajeado. Tenía todo aquello que una pared blanca expuesta a las gamberradas de grupos adolescentes podía tener: esvásticas rodeadas del símbolo ''prohibido'', la primera letra de anarquía pintada con rojo, la máscara de V, el cogote de Lenin, consignas dichas alguna vez por un gran revolucionario... Prefiero morir de pie que vivir de rodillas. Un cementerio ideológico por el que la gente pasaba sin reparar siquiera, sin darse cuenta de la magia que desprende el arte simple del aerosol, de que las ideas traspasan el cemento para golpear los culos de nuestra ignorancia. Recuerdo que él se quedó quieto, admirando el mural con el ojo crítico de un erudito que visita por primera vez el Louvre. Supuse que estaría orgulloso de lo que otros habían hecho, de las firmes convicciones de algunos que aún se atrevían a creer en la utopía. En su cara esculpida en mármol no se dibujaba ninguna reacción, hasta que sus ojos se toparon con la caligrafía temblorosa, seguramente de un muchacho con cresta y botas militares, de las letras que componían NO FUTURE FOR ME en la esquina superior izquierda.
Hubo una especie de oscilación en el aire que se atrevía a rozar su rostro y de pronto sus cejas se curvaron y se mordió el labio hasta que le salió sangre. Fue como si, de repente, el mundo adquiriera una tonalidad gris y el muro pintarrajeado se volviera rojo de vergüenza y se disculpara por ser tan inútil.
-¿Sabes quién escribió esa frase? -señalaba las palabras NO FUTURE FOR ME con el dedo acusador y en ese momento di gracias de ser un humano y no un amasijo de letras.
-Ignorando la retórica ya que no soy adivina, diré que los Sex Pistols.
-Dices bien y dices mal. Esa frase la escribió un puto gilipollas que escuchaba demasiado punk. Y seguro que sólo se sabía un tema: ese tema. Y seguro que ni siquiera sabía por qué la reina de Inglaterra era tratada con tanta ironía por 'ese grupo tan punk'. Y seguro que llevaba cresta -asentí- y sus papás le compraban todo lo que quería para ser tan punk.
-¿Por qué te cabrea esa frase y no el resto?
-Porque odio, porque me revienta.... Imagínatelo: un grupo de música que cantó un tema sobre un barco de madera en el Támesis por ser la única manera de insultar a su reina de forma legal puso de moda la anarquía. Bakunin debió morir dos veces por aquel entonces.
-Creí que te gustaban los Sex Pistols.
-Sí, pero yo ya creía en la anarquía antes de escucharlos y hacer del NO FUTURE mi lema porque 'en inglés suena más guay'. Y, a la mierda. ¿Sabes por dónde me meto yo su no future? Por el puto culo.
Sacó un spray de uno de los bolsillos de su cazadora vaquera extra-grande y se acercó a la frase que había causado tanta polémica en 1977.
-Esto es lo que pienso yo de los anarcas del palo -y apretó el pitorro.
Volví a aquel lugar 10 años después. Es curioso lo lento que pasa el tiempo en los barrios marginados. Tardé en encontrar el lugar, pero allí estaba. En aquel muro, en la esquina superior izquierda, aún se podía leer: NOW FUTURE FOR ME. Mi nombre salía más abajo, pero lo habían tapado con el graffiti de un pene.
Hubo una especie de oscilación en el aire que se atrevía a rozar su rostro y de pronto sus cejas se curvaron y se mordió el labio hasta que le salió sangre. Fue como si, de repente, el mundo adquiriera una tonalidad gris y el muro pintarrajeado se volviera rojo de vergüenza y se disculpara por ser tan inútil.
-¿Sabes quién escribió esa frase? -señalaba las palabras NO FUTURE FOR ME con el dedo acusador y en ese momento di gracias de ser un humano y no un amasijo de letras.
-Ignorando la retórica ya que no soy adivina, diré que los Sex Pistols.
-Dices bien y dices mal. Esa frase la escribió un puto gilipollas que escuchaba demasiado punk. Y seguro que sólo se sabía un tema: ese tema. Y seguro que ni siquiera sabía por qué la reina de Inglaterra era tratada con tanta ironía por 'ese grupo tan punk'. Y seguro que llevaba cresta -asentí- y sus papás le compraban todo lo que quería para ser tan punk.
-¿Por qué te cabrea esa frase y no el resto?
-Porque odio, porque me revienta.... Imagínatelo: un grupo de música que cantó un tema sobre un barco de madera en el Támesis por ser la única manera de insultar a su reina de forma legal puso de moda la anarquía. Bakunin debió morir dos veces por aquel entonces.
-Creí que te gustaban los Sex Pistols.
-Sí, pero yo ya creía en la anarquía antes de escucharlos y hacer del NO FUTURE mi lema porque 'en inglés suena más guay'. Y, a la mierda. ¿Sabes por dónde me meto yo su no future? Por el puto culo.
Sacó un spray de uno de los bolsillos de su cazadora vaquera extra-grande y se acercó a la frase que había causado tanta polémica en 1977.
-Esto es lo que pienso yo de los anarcas del palo -y apretó el pitorro.
Volví a aquel lugar 10 años después. Es curioso lo lento que pasa el tiempo en los barrios marginados. Tardé en encontrar el lugar, pero allí estaba. En aquel muro, en la esquina superior izquierda, aún se podía leer: NOW FUTURE FOR ME. Mi nombre salía más abajo, pero lo habían tapado con el graffiti de un pene.
martes, 25 de septiembre de 2012
Plus.
Siempre has soñado con poder salir de tu cárcel de cristal y las paredes de tu habitación se parten el culo de ti.
<<Ahora sólo recuerdas lo bueno. Cuando mires al pasado; recuérdalo tal y como era>>.
<<Ahora sólo recuerdas lo bueno. Cuando mires al pasado; recuérdalo tal y como era>>.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Que te follen.
Debería estar llorando. Debería estar compadeciéndome de mí misma. Debería tirarme de los pelos, romper cosas, tirar abajo muros de piedra, gritar cuánto te odio, irme a un bar y pedir una botella de Jack Daniels con mucho hielo y dejar que la locura me invada como a Jack en el Resplandor. Debería estar peor que la última vez que me hiciste daño.
Pero la cosa ha cambiado. Ahora ya no queda amor. Ya no quedan disculpas. Ya no queda una despedida en la que se me caían las lágrimas porque se me desgarraba el corazón de lo mucho que te quería. La tormenta se ha ido y lo ha arrasado todo, ha embarrado todo lo que creí limpio y puro, ha emponzoñado todo aquello que creí tan firme. Y me ha dejado vacía y confusa.
Devuélveme lo que es mío. Devuélveme aquello que sólo podía dar una vez, aquello que creí que al regalar se me tendría en consideración y lo haría todo más bonito. Te he dado lo único que era verdaderamente mío, te he dado tanto... Te ofrecí un cuchillo, mi cuerpo y una diana en el lado izquierdo de mi pecho, confiando en que lo tirarías todo al suelo y me abrazarías.
Te odio tanto. Te quería tanto. Lo has jodido todo tanto por tu estúpida manía de no saber lo que quieres.
Y, sin embargo, aquí estoy. Con la mente más clara que en los últimos tres meses, por fin libre de tu presencia, porque esta vez se ha acabado para siempre. Así que gracias por hacerlo todo tan fácil, por hacerme tanto daño, por hacerme sentir tan sucia, tan traicionada, tan gilipollas. Ahora te odio y eso es más sencillo que echarte de menos, aunque sé que te esperaré en cada esquina con un dardo envenenado en la mano hasta que logre arrancar tu recuerdo de cada parte de mi cuerpo. Hasta que todas las cosas que hicimos juntos no sean más que estupideces de adolescentes inexpertos.
Sólo espero que te arrepientas hasta el final de tus días de haber cometido este error.
Pero la cosa ha cambiado. Ahora ya no queda amor. Ya no quedan disculpas. Ya no queda una despedida en la que se me caían las lágrimas porque se me desgarraba el corazón de lo mucho que te quería. La tormenta se ha ido y lo ha arrasado todo, ha embarrado todo lo que creí limpio y puro, ha emponzoñado todo aquello que creí tan firme. Y me ha dejado vacía y confusa.
Devuélveme lo que es mío. Devuélveme aquello que sólo podía dar una vez, aquello que creí que al regalar se me tendría en consideración y lo haría todo más bonito. Te he dado lo único que era verdaderamente mío, te he dado tanto... Te ofrecí un cuchillo, mi cuerpo y una diana en el lado izquierdo de mi pecho, confiando en que lo tirarías todo al suelo y me abrazarías.
Te odio tanto. Te quería tanto. Lo has jodido todo tanto por tu estúpida manía de no saber lo que quieres.
Y, sin embargo, aquí estoy. Con la mente más clara que en los últimos tres meses, por fin libre de tu presencia, porque esta vez se ha acabado para siempre. Así que gracias por hacerlo todo tan fácil, por hacerme tanto daño, por hacerme sentir tan sucia, tan traicionada, tan gilipollas. Ahora te odio y eso es más sencillo que echarte de menos, aunque sé que te esperaré en cada esquina con un dardo envenenado en la mano hasta que logre arrancar tu recuerdo de cada parte de mi cuerpo. Hasta que todas las cosas que hicimos juntos no sean más que estupideces de adolescentes inexpertos.
Sólo espero que te arrepientas hasta el final de tus días de haber cometido este error.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Sólo un poco de silencio.
Y ahora cobran sentido todas las letras de las canciones ñoñas, aquellas letras que nunca entendí y que creía echas a máquina. Ahora cobran sentido para mí.
Era una de esas personas que no creía en el amor, pero que en el fondo sólo esperaba que la sacaran de su error.
Bien, pues muchas gracias por hacerlo así. Rápido y conciso. Dándome una hostia nada más abrir los ojos.
Y aún así ni siquiera te odio.
Goodbye, my friend.
Era una de esas personas que no creía en el amor, pero que en el fondo sólo esperaba que la sacaran de su error.
Bien, pues muchas gracias por hacerlo así. Rápido y conciso. Dándome una hostia nada más abrir los ojos.
Y aún así ni siquiera te odio.
I hope you know
That this has nothing to do with you
It´s personal, Myself and I
We´ve got some straightenin´ out to do.
jueves, 30 de agosto de 2012
Cállate conciencia.
Vamos a jugar a marear al pato.
No sé qué pasa. No sé que pasará. Y no sé qué pasó y por qué estás tan adicto a ello. Es comprensible volver al pasado y estancarte en él de vez en cuando, nadar en barro una temporada pensando que es bueno para la piel hasta darte cuenta de que está lleno de gusanos. Yo lo hice una vez. Y comprendí que estaba equivocada.
Pero tú sigues obcecado en su pureza, sigues nadando en él pretendiendo que es agua limpia, sigues hundiéndote cada vez más y más en, y voy a decirlo claro, un montón de mierda. No me creo las excusas que sueltas para alargar un poco más tu estancia en arenas movedizas. Jamás me he creído nada de lo que me han dicho si sonaba bien, si sonaba a rosa. ¿Por qué? Porque siempre he tenido miedo a confiar y que me fallen de la forma más dolorosa posible: sacándome el corazón de las entrañas y abriéndolo con cursilería para luego tirarlo a la basura e ir a por otro. Quiero estallar tu cráneo contra un muro y reírme como si estuviera loca, como una bruja de Disney tras cometer el asesinato de la princesa. Pero no podría porque ya es demasiado tarde y se me ha salido el corazón del pecho. Lo veo en tu mano a punto de dormirse, mecido por la estupidez y desgranando un racimo de uvas que ni siquiera se está comiendo. Se está mofando de mí y me asusta saber que tengo todo a mi contra pero me esfuerzo en seguir navegando.
Contra todo pronóstico, mi cáscara nuez sigue intacta. Aún cuando creí que se había hundido hace tiempo.
Puede que me precipite y solamente quiera la sensación que produce ser querido, puede que sólo me haya encandilado el amor. Supongo que a ti también te gusta esa perspectiva de vida dado que te esfuerzas en que te quieran el doble, y cuantos más mejor. Debería colgarte en un árbol y ver cómo agonizas lentamente, cortarte con un cuchillo el estómago y enseñarte las tripas mientras aún vives.
No trates como prioridad a quien te tiene como opción, decían. Quiérete a ti mismo, decían.
Idos a la mierda, decían.
Dejadme dormir.
No sé qué pasa. No sé que pasará. Y no sé qué pasó y por qué estás tan adicto a ello. Es comprensible volver al pasado y estancarte en él de vez en cuando, nadar en barro una temporada pensando que es bueno para la piel hasta darte cuenta de que está lleno de gusanos. Yo lo hice una vez. Y comprendí que estaba equivocada.
Pero tú sigues obcecado en su pureza, sigues nadando en él pretendiendo que es agua limpia, sigues hundiéndote cada vez más y más en, y voy a decirlo claro, un montón de mierda. No me creo las excusas que sueltas para alargar un poco más tu estancia en arenas movedizas. Jamás me he creído nada de lo que me han dicho si sonaba bien, si sonaba a rosa. ¿Por qué? Porque siempre he tenido miedo a confiar y que me fallen de la forma más dolorosa posible: sacándome el corazón de las entrañas y abriéndolo con cursilería para luego tirarlo a la basura e ir a por otro. Quiero estallar tu cráneo contra un muro y reírme como si estuviera loca, como una bruja de Disney tras cometer el asesinato de la princesa. Pero no podría porque ya es demasiado tarde y se me ha salido el corazón del pecho. Lo veo en tu mano a punto de dormirse, mecido por la estupidez y desgranando un racimo de uvas que ni siquiera se está comiendo. Se está mofando de mí y me asusta saber que tengo todo a mi contra pero me esfuerzo en seguir navegando.
Contra todo pronóstico, mi cáscara nuez sigue intacta. Aún cuando creí que se había hundido hace tiempo.
Puede que me precipite y solamente quiera la sensación que produce ser querido, puede que sólo me haya encandilado el amor. Supongo que a ti también te gusta esa perspectiva de vida dado que te esfuerzas en que te quieran el doble, y cuantos más mejor. Debería colgarte en un árbol y ver cómo agonizas lentamente, cortarte con un cuchillo el estómago y enseñarte las tripas mientras aún vives.
No trates como prioridad a quien te tiene como opción, decían. Quiérete a ti mismo, decían.
Idos a la mierda, decían.
Dejadme dormir.
sábado, 4 de agosto de 2012
Disneylandia.
Cerró el libro, vertiendo un arco-iris difuminado sobre la cama y parte de la mesa. Un puñado de purpurina se esparció por el tapiz, dándole a la alfombra azul un dorado brillo. Su cara hizo una mueca de disgusto y su lengua comenzó a moverse dentro de la boca, intentando expulsar aquel sabor a azúcar refinado que la lectura le había dejado en el paladar. Se encendió un porro. Si tenía que ver unicornios, mejor que fueran producto de la marihuana.
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