¿Ilimitado? ¡A dar la vuelta al mundo!
viernes, 25 de marzo de 2011
Hacia arriba, todo recto, tras la primera estrella polar.
Tengo miedo, desgraciadamente, a casi todo. Y tú también.
¿Cómo distingues el amor del afecto? ¿Y de la atracción? ¿Y de la obsesión? ¿Cómo lo distingues de la amistad? ¿Y si es solo amistad? ¿Y si esa pequeña línea que separa esas dos cosas, que se difumina y nos confunde, es imposible de distinguir por culpa del afecto y la atracción?
¿Y si mejor me hago una zorra y paso de todo? Al menos, a ellas les va mejor que a mí.
Pero jamás se me caerá la dignidad de esa manera. Corre, abre la ventana. Cómete el mundo.
¿Cómo distingues el amor del afecto? ¿Y de la atracción? ¿Y de la obsesión? ¿Cómo lo distingues de la amistad? ¿Y si es solo amistad? ¿Y si esa pequeña línea que separa esas dos cosas, que se difumina y nos confunde, es imposible de distinguir por culpa del afecto y la atracción?
¿Y si mejor me hago una zorra y paso de todo? Al menos, a ellas les va mejor que a mí.
Pero jamás se me caerá la dignidad de esa manera. Corre, abre la ventana. Cómete el mundo.
jueves, 24 de marzo de 2011
Que no follamos.
Fallamos a favor de la verdad, de aquella verdad pura que reluce en su esplendor y nos ciega.
Fallamos a favor del conocimiento, rechazando la ignorancia en todas sus formas, pues lo que sabemos conforma lo que somos.
Fallamos a favor de la protesta como medio de defensa hacia aquello que no nos gusta y nos imponen.
Fallamos a favor de la libertad, de los derechos y de la igualdad, aunque muchos se venden los ojos frente a ello.
Fallamos a favor del progreso y no del retroceso.
Fallamos a favor del individuo.
Fallamos a favor de una vida digna.
Fallamos a favor de los sentimientos más ardientes y rebuscados.
Fallamos a favor del amor.
Fallamos a favor de la felicidad.
Fallamos a favor de la lógica, pero también de la espontaneidad.
Fallamos a favor de todo ello.
Fallamos a favor del conocimiento, rechazando la ignorancia en todas sus formas, pues lo que sabemos conforma lo que somos.
Fallamos a favor de la protesta como medio de defensa hacia aquello que no nos gusta y nos imponen.
Fallamos a favor de la libertad, de los derechos y de la igualdad, aunque muchos se venden los ojos frente a ello.
Fallamos a favor del progreso y no del retroceso.
Fallamos a favor del individuo.
Fallamos a favor de una vida digna.
Fallamos a favor de los sentimientos más ardientes y rebuscados.
Fallamos a favor del amor.
Fallamos a favor de la felicidad.
Fallamos a favor de la lógica, pero también de la espontaneidad.
Fallamos a favor de todo ello.
martes, 22 de marzo de 2011
Frustrante, ¿verdad?
Olvidamos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
He olvidado cómo despertarme cuando estoy levantada y las cosas pasan demasiado rápido. Parece que me han puesto una anestesia. Y, qué coño, me duele la cabeza.
Y necesito algo nuevo, porque la rutina me está dejando fatal. Irme, irme...
He olvidado cómo despertarme cuando estoy levantada y las cosas pasan demasiado rápido. Parece que me han puesto una anestesia. Y, qué coño, me duele la cabeza.
Y necesito algo nuevo, porque la rutina me está dejando fatal. Irme, irme...
lunes, 14 de marzo de 2011
Muerte.
Muerte, muerte, muerte. Estrés, estrés, estrés. MUEEEEEEEEEEEERTE. ¿Para qué exámenes? ¿Para qué? Para controlar lo que estudiamos. Si estudiáramos solo porque nos interesa, si la sociedad española no pensara solo en vaguear. Esta es nuestra realidad: somos unos malditos vagos, que no hacen nada, que echan la lotería semanal con la esperanza de tener suerte y no volver a trabajar en su vida.
Quiero trabajar, quiero ser feliz, quiero ganarme el pan, quiero viajar como premio por todo ello. Pero sobre todo quiero dejar de estresarme por unos putos examenes.
Quiero trabajar, quiero ser feliz, quiero ganarme el pan, quiero viajar como premio por todo ello. Pero sobre todo quiero dejar de estresarme por unos putos examenes.
sábado, 12 de marzo de 2011
Cosas que no debería escirbir, pero qué cojones, estoy cursi.
Áticos de Paris.
Me volví y entré en el ático, que estaba lleno de cajas embaladas. Cada caja contenía un lienzo, pinceles y todo tipo de artilujios de pintura. Había una pequeña maleta apoyada en la puerta que daba al piso de abajo. Comencé a deshacer las cajas y a sacar toda suerte de cachivaches. Coloqué lo más inútil en la zona que se encontraba con el techo empinado. Olía a madera recién barnizada.
-¡Lili! -gritó una voz que provenía de la primera planta.
Sonreí, era su voz. La voz del hombre que me había raptado para llevarme a Paris.
-¡Pierce, has vuelto!
Me precipité escaleras abajo, hasta que mi cuerpo se topó con el de él. Nos fundimos en un cálido abrazo, de esos que son como café por las mañanas.
-¿Te han dicho algo?
-Sí... -respondió con una mirada enigmática que se reflejaba en sus ojos verdes.
-¿Y...?
-Y... -hizo una pausa para ponerme aún más nerviosa. Le encantaba hacerme sufrir-. ¡Mañana empiezo a trabajar!
Torcí el gesto. Pirce era piloto. Para él trabaja significaba quedarse unos días en otro lugar, alejado de mí, para llevar a un puñado de turistas a su destino.
Lo habían transladado hacía una semana a Francia, y yo me había ido con él sin dudarlo. Jamás hubiera dejado que renunciase a semejante ascenso por mí. Además, con un novio piloto... ¿quién necesitaba estudios? Aún me quedaban cuatro años para terminar la carrera, pero había fracasado estrepitosamente el primer año y había repetido curso. Pierce me decía en muchas ocasiones que no había elegido la carrera correcta, que empresariales no era para mí. A mí solo se me daba bien pintar.
-¿A dónde vas?
-A Madrid, creo -vaya, qué paradójico, acabábamos de llegar de allí-. Solo será un día, mi amor. Regresaré por la noche.
Asentí. Eso estaba bien. Me daría tiempo a recorrer la ciudad yo sola y decidir cuáles serían mis lugares favoritos allí. Quizás, con un poco de suerte, encontraría una buena cafetería que preparara los cortados que a mí me gustaban.
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| Huele a mar y a risas. |
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