Si no existiera la moral, doy fe de que estaría brincando desnuda. Estaría besando por la calle a chicos aleatorios por el simple hecho de ser feliz. Aquí también entraría la ignorancia, sí, porque seguro que un niño de cinco años lo haría. Pero le frena la sociedad. Y el orgullo, oh, el orgullo. No puede existir persona en el mundo más orgullosa que yo, que prefiero caer desde un rascacielos a dar el brazo a torcer. Es que no reconozco nada, me niego a mí misma la verdad. A MÍ MISMA, a la única persona con la que puedo ser sincera... DIOS. Quizás hiciste mal. No, no hiciste mal. Cállate Dory, no eres mi conciencia. Lo mejor es que ya no me acordaba de que me he comprado un nuevo perrito con el que divertirme. Tampoco me consuela, está lleno de paja. Es un yorkshire feo, a mí me van más los huskys. Son, desde luego, mucho más listo. Como ves estoy escribiendo lo primero que se me pasa por la cabeza, pero es que estoy en esos momentos de revolución hormonal mezclados con la pantalla del ordenador. Mis estrógenos deben haberse encerrado en Asamble Nacional Constituyente, hartos de que sea el cerebro quien los controle con poder absoluto. División de poderes en ejecutivo, lejislativo y judicial. Bien, el problema es, ¿qué darle a cada parte? Creo que a a mi esfínter le daré el ejecutivo, para que lo mande todo a la mierda. Y el legislativo, que se lo quede el corazón. Qué cursi suena. Pero es la verdad, él dicta las leyes, leyes que acata el cerebro, poder judicial. El problema es que si el juez que hay dentro de tu sucia cabecita no ha estudiado, no hay mucho que hacer. Ignorancia por recortes en la educación. A la mierda. ME voy al monte, a comer castañas y rezar a Dios. Suena bien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario