Qué va, es mentira, solo pretendía llenar un poco este espacio sin letras, porque no sé qué poner exactamente. Podría no actualizar, directamente, pero me apetece escribir, es mi medio para desahogarme. Sí, desahogarme. ¿Desahogarme de qué? ¿Hubo alguna vez algo por lo que desahogarse? No, pero yo me hundí en mi propio vaso, lo llené de agua aunque no tuviera sed y luego yo misma lo derramé cuando empezaba a tenerla...
No, no es una buena metáfora. Da la impresión de que ahora moriré deshidratada. No.
He derramado un vaso medio lleno porque el agua no era potable, pero tengo miles de fuentes más donde elegir, donde hacer que ese recipiente desborde y, previsiblemente, se rompa. Pero eso ya dará igual, porque lo habré llenado por una vez, y no se habrá quedado medio vacío, como siempre. Al salir de clase, noté que hoy era uno de esos días que tanto me gustan, en los que brilla el sol pero hace frío y da gustito ir por la calle con una bufanda y sudadera. Miré al cielo y sonreí, y entonces por un momento recordé algo. Esos recuerdos que a veces te atacan y te pinchan el cerebro, y un poquito la parte izquierda del pecho. Pero ahí estaba la inmesidad del cielo, para recordarme que, con el tiempo, esos mismos recuerdos me harán sonreír como lo hacen muchos otros -aunque algunos me den vergüenza ajena-, y como lo harán otros en un futuro. Porque 'yo soy yo y mis circunstancias', y también las pasadas y las que vendrán, y no me arrepiento de nada, ni siquiera de haber derramado el vaso, porque era agua envenenada, y llenar un vaso con mierda es una estupidez.
—¿Dónde aprendió a besar así? —Vendiendo besos para la cruzada infantil. —Recuérdeme mañana que envíe un cheque de 100.000 dólares a la cruzada infantil. |
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