domingo, 6 de noviembre de 2011
jueves, 3 de noviembre de 2011
Me vais a comer el rabo.
Si no existiera la moral, doy fe de que estaría brincando desnuda. Estaría besando por la calle a chicos aleatorios por el simple hecho de ser feliz. Aquí también entraría la ignorancia, sí, porque seguro que un niño de cinco años lo haría. Pero le frena la sociedad. Y el orgullo, oh, el orgullo. No puede existir persona en el mundo más orgullosa que yo, que prefiero caer desde un rascacielos a dar el brazo a torcer. Es que no reconozco nada, me niego a mí misma la verdad. A MÍ MISMA, a la única persona con la que puedo ser sincera... DIOS. Quizás hiciste mal. No, no hiciste mal. Cállate Dory, no eres mi conciencia. Lo mejor es que ya no me acordaba de que me he comprado un nuevo perrito con el que divertirme. Tampoco me consuela, está lleno de paja. Es un yorkshire feo, a mí me van más los huskys. Son, desde luego, mucho más listo. Como ves estoy escribiendo lo primero que se me pasa por la cabeza, pero es que estoy en esos momentos de revolución hormonal mezclados con la pantalla del ordenador. Mis estrógenos deben haberse encerrado en Asamble Nacional Constituyente, hartos de que sea el cerebro quien los controle con poder absoluto. División de poderes en ejecutivo, lejislativo y judicial. Bien, el problema es, ¿qué darle a cada parte? Creo que a a mi esfínter le daré el ejecutivo, para que lo mande todo a la mierda. Y el legislativo, que se lo quede el corazón. Qué cursi suena. Pero es la verdad, él dicta las leyes, leyes que acata el cerebro, poder judicial. El problema es que si el juez que hay dentro de tu sucia cabecita no ha estudiado, no hay mucho que hacer. Ignorancia por recortes en la educación. A la mierda. ME voy al monte, a comer castañas y rezar a Dios. Suena bien.
lunes, 31 de octubre de 2011
Fuck it, I'm young.
No pasas mi ITV. Lo siento, te he sometido a una serie de pruebas mentales que no has superado. Es más, has echado por tierra años y años de eBolución. Una pena. Voy a ser egoísta, por una vez. Intento convencerme a mí misma de que desaprovechar esta oportunidad es algo impensable. Al fin y al cabo, Ari, ¿no es lo que llevas buscando durante tanto tiempo? Por fin alguien que ha caído en tu trampa y al que puedes devorar tranquilamente, un osito de peluche que se quedará en tu habitación hasta que decidas cambiarlo por otro. Lo malo es que los peluches suelen estar llenos de algodón y no tienen nada en la cabeza. Ni siquiera me gusta la forma del peluche... qué coño, voy a dejar de hablar con metáforas.
Si estuvieras bueno todo sería muy distinto, pero soy una maldita superficial. No estás mal, pero es que... es que... Y vuelve a surgir la voz en mi cabeza diciendo que espera hasta el momento en el que te conozca. ¿Qué soy? ¿Una desesperada que se lanza al primer nabo que pasa por delante? ¡Por Dios!
Egoísmo, egoísmo... No puedo. Ya lo he hecho una vez... Pero.. Dios me lo han hecho a mí tantas veces que sería echar por tierra todas mis convicciones. Y el karma me daría una buena hostia en la cara.
¿Para qué escribir esto? ¿Va a solucionar algo? No, porque sé que hasta el momento mismo que le vea la cara al 'oso de peluche' voy a seguir igual. Por lo menos sé que, esta vez, las riendas son mías, y la fusta también.
Si estuvieras bueno todo sería muy distinto, pero soy una maldita superficial. No estás mal, pero es que... es que... Y vuelve a surgir la voz en mi cabeza diciendo que espera hasta el momento en el que te conozca. ¿Qué soy? ¿Una desesperada que se lanza al primer nabo que pasa por delante? ¡Por Dios!
Egoísmo, egoísmo... No puedo. Ya lo he hecho una vez... Pero.. Dios me lo han hecho a mí tantas veces que sería echar por tierra todas mis convicciones. Y el karma me daría una buena hostia en la cara.
¿Para qué escribir esto? ¿Va a solucionar algo? No, porque sé que hasta el momento mismo que le vea la cara al 'oso de peluche' voy a seguir igual. Por lo menos sé que, esta vez, las riendas son mías, y la fusta también.
jueves, 27 de octubre de 2011
Lucky is an attitude.
Cuando era pequeña y vivía en Tenerife, estuve el último año esperando a que terminara para volver a Galicia. No fue una de mis mejores épocas, por lo que recuerdo. Me pasaba el día encerrada en casa porque mi madre trabajaba toda la tarde, y no hacía prácticamente nada. Llegué a acostarme a las ocho de la noche para rellenar las horas que me sobraban. Me desenvolvía sola: me levantaba y me hacía el desayuno yo, cogía el autobús sin nadie que me acompañara, comía lo que me había preparado mi madre el día anterior y me iba a la cama antes de que ella volviera. Tenía unas ganas locas de voltar á miña terra.
Creo que fue ahí cuando empecé con el rollo de ''todo llega para el que espera'', un mantra que me lleva acompañando muchos años ya. Cuando, finalmente, me encontré en el avión hacia Vigo, esa frase resonaba en mi cabeza todo el tiempo. Desde entonces mis consejos han sido del tipo pasivo: espera y verás, las cosas llegan cuando menos las previenes, la paciencia es la madre de la ciencia... He sido una muñequita de porcelana, todos estos años, esperando sonriente en el escaparate a que alguien entrase y me comprase por lo bonita que soy.
Las muñecas de porcelana dejaron de venderse hace mucho tiempo.
Lo propio sería seguir con la metáfora y decir que ahora están de moda las barbies, pero siempre las he odiado. Ese prototipo de chica tan... tonta. Tonta perdida. Todo imagen, nada de cerebro, sonrisa pintada y tetas de plástico. Prefiero ser un barriguitas.
Dejo de lado la crítica social para seguir con mi egocentrismo. Bien, veamos...
¿He cambiado de actitud en todos estos años? Creo que no. Creo que me he dado cuenta de que esperar a que te compren no es lo más viable, pero sigo haciéndolo igual. En fin, si hay chicas a las que les funciona... ¿por qué a mí no? EL problema, claro está, es que esas chicas son Barbies, y todos quieren cogerlas, y todos compiten por ellas. Y ahí queda el pobre muñeco barriguitas, con una mano regordeta levantada, clamando libertad desde su cajita de plástico. No, no estoy autocompadeciéndome, de hecho me estoy riendo de mí misma y la imagen mental que he hecho del barriguitas me está haciendo mucha gracia. Además, los barriguitas dominarán el mundo con sus canciones pegadizas, lo sé.
Ahora llega el momento egocéntrico de turno.
Últimamente me está yendo demasiado bien. Dicen que si repites un mantra muchas veces, se hace realidad. Bien, puede que el mío se haya hecho. Todo llega para el que espera. Yo no he esperado nada, y de pronto, PUF, triplete. Así por las buenas. Al barriguitas lo han comprado, la demanda se ha disparado, se ofertan más muñequitos. Pero creo que es porque me siento bien conmigo misma. Porque tengo confianza. Porque, de un año para otro, sé cómo es el mundo, sé cómo funciona. No sé. Me callo ya, soy un ego con persona.
Creo que fue ahí cuando empecé con el rollo de ''todo llega para el que espera'', un mantra que me lleva acompañando muchos años ya. Cuando, finalmente, me encontré en el avión hacia Vigo, esa frase resonaba en mi cabeza todo el tiempo. Desde entonces mis consejos han sido del tipo pasivo: espera y verás, las cosas llegan cuando menos las previenes, la paciencia es la madre de la ciencia... He sido una muñequita de porcelana, todos estos años, esperando sonriente en el escaparate a que alguien entrase y me comprase por lo bonita que soy.
Las muñecas de porcelana dejaron de venderse hace mucho tiempo.
Lo propio sería seguir con la metáfora y decir que ahora están de moda las barbies, pero siempre las he odiado. Ese prototipo de chica tan... tonta. Tonta perdida. Todo imagen, nada de cerebro, sonrisa pintada y tetas de plástico. Prefiero ser un barriguitas.
Dejo de lado la crítica social para seguir con mi egocentrismo. Bien, veamos...
¿He cambiado de actitud en todos estos años? Creo que no. Creo que me he dado cuenta de que esperar a que te compren no es lo más viable, pero sigo haciéndolo igual. En fin, si hay chicas a las que les funciona... ¿por qué a mí no? EL problema, claro está, es que esas chicas son Barbies, y todos quieren cogerlas, y todos compiten por ellas. Y ahí queda el pobre muñeco barriguitas, con una mano regordeta levantada, clamando libertad desde su cajita de plástico. No, no estoy autocompadeciéndome, de hecho me estoy riendo de mí misma y la imagen mental que he hecho del barriguitas me está haciendo mucha gracia. Además, los barriguitas dominarán el mundo con sus canciones pegadizas, lo sé.
Ahora llega el momento egocéntrico de turno.
Últimamente me está yendo demasiado bien. Dicen que si repites un mantra muchas veces, se hace realidad. Bien, puede que el mío se haya hecho. Todo llega para el que espera. Yo no he esperado nada, y de pronto, PUF, triplete. Así por las buenas. Al barriguitas lo han comprado, la demanda se ha disparado, se ofertan más muñequitos. Pero creo que es porque me siento bien conmigo misma. Porque tengo confianza. Porque, de un año para otro, sé cómo es el mundo, sé cómo funciona. No sé. Me callo ya, soy un ego con persona.
martes, 25 de octubre de 2011
Yo soy yo y mis circunstancias.
No hay mayor miedo para un escritor que una página en blanco, por eso suelo comprarme cartulinas de colores.
Qué va, es mentira, solo pretendía llenar un poco este espacio sin letras, porque no sé qué poner exactamente. Podría no actualizar, directamente, pero me apetece escribir, es mi medio para desahogarme. Sí, desahogarme. ¿Desahogarme de qué? ¿Hubo alguna vez algo por lo que desahogarse? No, pero yo me hundí en mi propio vaso, lo llené de agua aunque no tuviera sed y luego yo misma lo derramé cuando empezaba a tenerla...
No, no es una buena metáfora. Da la impresión de que ahora moriré deshidratada. No.
He derramado un vaso medio lleno porque el agua no era potable, pero tengo miles de fuentes más donde elegir, donde hacer que ese recipiente desborde y, previsiblemente, se rompa. Pero eso ya dará igual, porque lo habré llenado por una vez, y no se habrá quedado medio vacío, como siempre. Al salir de clase, noté que hoy era uno de esos días que tanto me gustan, en los que brilla el sol pero hace frío y da gustito ir por la calle con una bufanda y sudadera. Miré al cielo y sonreí, y entonces por un momento recordé algo. Esos recuerdos que a veces te atacan y te pinchan el cerebro, y un poquito la parte izquierda del pecho. Pero ahí estaba la inmesidad del cielo, para recordarme que, con el tiempo, esos mismos recuerdos me harán sonreír como lo hacen muchos otros -aunque algunos me den vergüenza ajena-, y como lo harán otros en un futuro. Porque 'yo soy yo y mis circunstancias', y también las pasadas y las que vendrán, y no me arrepiento de nada, ni siquiera de haber derramado el vaso, porque era agua envenenada, y llenar un vaso con mierda es una estupidez.
Qué va, es mentira, solo pretendía llenar un poco este espacio sin letras, porque no sé qué poner exactamente. Podría no actualizar, directamente, pero me apetece escribir, es mi medio para desahogarme. Sí, desahogarme. ¿Desahogarme de qué? ¿Hubo alguna vez algo por lo que desahogarse? No, pero yo me hundí en mi propio vaso, lo llené de agua aunque no tuviera sed y luego yo misma lo derramé cuando empezaba a tenerla...
No, no es una buena metáfora. Da la impresión de que ahora moriré deshidratada. No.
He derramado un vaso medio lleno porque el agua no era potable, pero tengo miles de fuentes más donde elegir, donde hacer que ese recipiente desborde y, previsiblemente, se rompa. Pero eso ya dará igual, porque lo habré llenado por una vez, y no se habrá quedado medio vacío, como siempre. Al salir de clase, noté que hoy era uno de esos días que tanto me gustan, en los que brilla el sol pero hace frío y da gustito ir por la calle con una bufanda y sudadera. Miré al cielo y sonreí, y entonces por un momento recordé algo. Esos recuerdos que a veces te atacan y te pinchan el cerebro, y un poquito la parte izquierda del pecho. Pero ahí estaba la inmesidad del cielo, para recordarme que, con el tiempo, esos mismos recuerdos me harán sonreír como lo hacen muchos otros -aunque algunos me den vergüenza ajena-, y como lo harán otros en un futuro. Porque 'yo soy yo y mis circunstancias', y también las pasadas y las que vendrán, y no me arrepiento de nada, ni siquiera de haber derramado el vaso, porque era agua envenenada, y llenar un vaso con mierda es una estupidez.
—¿Dónde aprendió a besar así? —Vendiendo besos para la cruzada infantil. —Recuérdeme mañana que envíe un cheque de 100.000 dólares a la cruzada infantil. |
domingo, 23 de octubre de 2011
Tengo un mal presentimiento.
Así que dejo constancia de ello, para reírme de mí misma luego o maldecir a mi sexto sentido.
sábado, 22 de octubre de 2011
Too fast, too furious.
Me he dado cuenta de que soy una hipócrita. Todos los días digo lo mismo: quiero viajar, quiero ser libre, quiero acostarme con un hombre distinto cada día. Quiero ser la mujer de hielo.
Pues bien, no soy más que un montón de palabras mal dichas, vacías y huecas. No sé aceptar la realidad que me llevo ocultando toda mi vida: yo soy una maldita diabética.
¿Creo en los cuentos de hadas? No.
¿Aún así, espero uno? Sí.
Quizás todos lo esperemos, unos más y otros menos. Pero la gente sabe diferenciar esas novelas pastelosas de la realidad, mientras que yo me esfuerzo en creer que vivo en el cuento de la Bella Durmiente. Pues despierta, niña, o pasarán cien años y seguirás igual.
Voy a explicarme mejor. No es que me enamore ardientemente de un osito de peluche y quiera abrazarlo para siempre. Quiero que ese osito esté en mi habitación y no se mueva de ahí hasta que me canse de él. Sí, eso es lo que quiero: que todo se mueva a mi antojo. Ya lo dije, soy una caprichosa, la sociedad y las películas de Disney me han jodido la cabeza. Me han dado diabetis. Por eso sigo teniendo peluches en mi habitación, los mismos que me regalaron hace doce años, a los cuales nunca he puesto nombre o he intentado hacerlo tantas veces que se ha quedado en nada.
Voy a hacer caso a la espontaneidad, por una vez, y no voy a pensar en lo que hago. Quiero cerrar los ojos y dejarme llevar, por una vez, sin tener que planificarlo todo, sin sentirme mal después. Sin querer que todo sea, por una vez, precioso y sumamente azucarado. Y quizás me lo pase mejor así.
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